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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 51

¿Cómo iba a importarle lo que le pasara al niño?

En el taxi de regreso, se quedó dormida. Al llegar, el chofer tuvo que llamarla varias veces para que despertara.

Apenas había descansado media hora cuando tuvo que levantarse de nuevo para ir a la oficina. Ese día tenía mucho trabajo por delante.

Nada más llegar a la empresa y entrar al área de oficinas, vio a Catalina sentada en el que solía ser su lugar, con una actitud desafiante.

Hanna preguntó por inercia:

—Asistente Catalina, ¿se le ofrece algo?

Catalina soltó una risa cargada de indignación.

—¿Todavía tienes el descaro de venir?

Las palabras de Catalina fueron como una puñalada directa al corazón. Hanna se había volcado en su trabajo, sacando adelante varios proyectos dificilísimos en tiempo récord y generando ganancias impresionantes para la compañía.

¿Por qué no tendría el descaro de ir?

Por el contrario, era Catalina quien debería sentir vergüenza. Hanna había notado desde el principio que, desde su llegada, Catalina buscaba cualquier excusa para hacerle la vida imposible: equivocarse a propósito con su nombre, entorpecer tareas insignificantes y, sobre todo, chismear a sus espaldas, asegurando que su única intención era seducir a Julián Serna.

Pero Hanna había preferido dejar pasar esas niñerías. No valía la pena rebajarse al nivel de alguien así.

Sin embargo, por puro principio, consideraba que esa actitud envidiosa era inaceptable e indigna del nivel profesional de una asistente.

Hanna había intentado insinuarle a Julián que Catalina tenía otras intenciones con él.

Julián, por su parte, le confesó que Catalina era la hija de un socio minoritario de la empresa. Estaba ahí por influencias.

No podía simplemente despedirla.

Así que Hanna no tuvo más remedio que ceder, una y otra vez.

Pero ese último comentario colmó su paciencia.

—¿Y por qué no habría de venir? Como directora del departamento técnico, solo le rindo cuentas al señor Serna. Tú eres una simple asistente, no tienes ninguna autoridad para juzgar si debo estar aquí o no.

Esa respuesta dejó a Catalina en ridículo.

Capítulo 51 1

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