Al día siguiente, Luciano llegó temprano a la empresa. Ni siquiera se molestó en ver a Rocío.
Este período era crucial para asegurar sus derechos de sucesión, así que no tenía tiempo para prestarle atención.
Una vez en la oficina, dio comienzo la reunión acordada. Luciano esperaba ver a Hanna, pero al observar a los representantes de la otra parte, sintió una punzada de decepción. Su pecho se sintió extrañamente hueco.
Hanna no apareció.
En su lugar, había dejado el asunto completamente en manos de Sebastián Silva.
Esto dejaba en claro su postura fría e implacable respecto a las negociaciones. No iba a volver a ceder ante Luciano.
Para colmo, Sebastián se había presentado con la élite de los abogados de su bufete.
Las negociaciones no duraron mucho. Los derechos operativos pasaron a ser propiedad de Hanna, pero a Luciano se le concedió un plazo de transición de un mes. En ese lapso, debía traspasarle Trueno Games a Hanna por un valor de cero centavos.
Cuando terminó la reunión, la mala noticia comenzó a esparcirse por los pasillos.
En el piso 32, todos comentaban consternados que Hanna se llevaría el juego.
—Estamos fritos —murmuró un empleado—. Todo es culpa de Valeria por tomarse atribuciones que no le correspondían y querer echar a Hanna. Nadie pensó que el despido terminaría cortándonos la yugular. ¿Qué vamos a hacer? Nuestro único juego rentable es Trueno Games. Si nos lo quitan, nos vamos a morir de hambre.
—¿Morir de hambre? ¡Ya quisieras! Esto va a ser peor. Me enteré por fuentes internas que se acabó. Van a recortar al setenta y cinco por ciento del personal. Los programadores clave ya están contactando a Hanna para irse con ella.
Otro, con tono acusador, intervino:
—Esa Hanna es de lo peor. Parece una santa que no rompe un plato, pero por la espalda te apuñala. Nos robó los derechos del proyecto. El señor Larios la trataba de maravilla, le ofreció ser subdirectora e incluso la oportunidad de trabajar con gente de la alta sociedad, y ella nos lo paga así.
—El único muerto de hambre aquí eres tú. Ah, por cierto, también investigué tu expediente. Falsificaste tus credenciales. El departamento legal ya está tomando cartas en el asunto. Ve pensando cómo nos vas a pagar los daños. Entre tu falsificación de documentos, tus tácticas sucias contra tus propios compañeros y tus calumnias, has causado pérdidas enormes. Te vamos a demandar hasta dejarte en la calle.
Fabián no lo dejó terminar. El golpe de realidad lo hizo enloquecer. Al ver la computadora de Mauro sobre el escritorio, pensó que ahí guardaba las pruebas, así que empujó a Mauro, agarró el equipo y lo estrelló contra el suelo.
La laptop era nueva y costaba una fortuna.
Lo cierto era que Mauro no tenía pruebas tan contundentes hasta ese momento, pero Fabián, en su ignorancia legal, se las acababa de regalar.
Mauro soltó una carcajada fría, se abalanzó sobre él y lo molió a golpes, para luego llamar a la policía.
Al final, Fabián fue detenido por destrucción de propiedad privada, mientras que Mauro fue liberado bajo el amparo de la legítima defensa.
Con el destino de Fabián como advertencia, el resto del personal de la división internacional no tardó en firmar sus renuncias sin rechistar.

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