Valeria, de la división nacional, fue la única que se negó a firmar su carta de renuncia y exigió hablar con Luciano. Ya en su oficina, le entregó la propuesta para un proyecto nuevo.
Al principio, Luciano solo quería deshacerse de ella, pero su expresión cambió al revisar el documento.
—¿De verdad tú diseñaste esto?
Valeria asintió y respondió llena de confianza:
—Si invertimos en desarrollar este nuevo proyecto, le aseguro que volveremos a estar en la cima de las ventas.
—
Esa tarde, tras calmar sus emociones, Rocío apareció en el corporativo.
No importaba que hubieran perdido Trueno Games.
Ya tenía un plan.
Entró a la oficina de presidencia. Luciano estaba inmerso en su trabajo.
—Luciano... lo de ayer fue culpa mía. Todavía soy muy inmadura, ¡no debí haberles gritado a ti y a Camilito! —dijo ella, esbozando una sonrisa cuidadosamente ensayada.
Luciano también sintió una punzada de culpa. Había descuidado los sentimientos de Rocío. Después de todo, ella acababa de perder el proyecto que iba a asegurarle los recursos de la familia; el golpe emocional debía ser brutal.
Rocío se acercó a él y le tomó la mano con suavidad.
Luciano levantó la vista, algo sorprendido. No había rastro de molestia en el rostro de ella. En el pasado, con sus aires de grandeza, habría armado un escándalo durante días.
—Rocío, ¿no estás enfadada conmigo? —preguntó él, con la voz algo ronca.
—Lucho, no te culpo. Aunque Hanna no entiende lo difícil que es tu posición y te hace daño con sus acciones, tampoco es justo dejarte solo con el problema. Quiero superar esto contigo.

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