PELEAR POR TI. CAPITULO 57. Esther Kiegan
Él estaba furioso. Ella estaba furiosa. Afuera el clima parecía estar peor que los dos juntos, porque las ráfagas de viento golpeaban contra los costados de la cabaña como si fueran sólidas.
Kyle se había fijado en todo antes de llevar a Adriana allí, en todo menos en el clima. Así que se relajó completamente sentado en aquel sofá, sabiendo que nadie en su sano juicio llegaría hasta ellos en aquella tormenta. Mantenía el fuego avivado y la cabaña estaba cálida, y sabía que el efecto rezagado de las pastillas que había usado para dormirla, pondría a Adriana fuera de combate antes de lo que pensaba.
Y no se equivocaba, porque una hora después ya estaba acurrucada de nuevo junto al alfeizar de una de las ventanas. Se aguantó las ganas de levantarla en brazos y llevarla a la cama, y tuvo que luchar contra la terrible sospecha de que todo lo que estaba pasando era por su causa.
Sin embargo quizás fueran los ruidos afuera, los crujidos de los árboles o su propia confianza, porque en el momento para el momento en que el sonido de aquel vidrio rompiéndose lo sobresaltó, ya era simplemente demasiado tarde.
Las ventanas estaban clavadas, pero los cristales y la cruz de madera central de la ventana del cuarto de Adriana saltó por los aires cuando algo chocó y estalló contra ellos, todo a la misma vez. Su corazón dio un vuelco asustado y se lanzó del sofá, salvando los pocos metros que lo separaban de la habitación donde estaba la muchacha, pero para ese momento lo que vio lo dejó paralizado.
Adriana estaba del otro lado de la cama, con los ojos llenos de terror, porque todo había sido demasiado rápido incluso para que las lágrimas llegaran, mientras un hombre la tenía sujeta del cuello con su antebrazo.
—¡Tú…! —gruñó Kyle mientras veía aquella pistola apuntando a la cabeza de la muchacha—. ¡Sabía que mi maldito instinto no me fallaba!
Del otro lado de la habitación y en medio del sonido de la tormenta, Vance Burgges sonrió con sarcasmo.
—Pues tu instinto no te ha servido de mucho, porque no pudiste evitar ninguna de las cosas que le hice —espetó.
—¿Entonces…? —La voz de Adriana salió entrecortada y temblorosa—. ¿Fuiste tú… el ascensor…?
—Sí, sí, sí… felicidades, rubia, solo eres medio tonta —siseó Vance con impaciencia y Adriana sintió que la pistola se clavaba en su sien en el mismo momento en que Kyle dio un paso tentativo hacia ellos—. ¡Cuidado niño, cuidado! ¡Que haya fallado antes no significa que vaya a fallar ahora! Así que si no quieres ver el cerebro de tu linda noviecita esparcido por toda esta habitación, más vale que empieces por darme lo que quiero.
Kyle ahogó un gruñido de impotencia, pero terminó asintiendo.
—¿Y qué es lo que quieres?
—¡Quiero la memoria! ¡Quiero la memoria que tu madre tenía! —demandó Burgges y en los ojos del hombre frente a él pudo ver la confusión.
—¿Qué…? ¿De qué hablas? ¿Mi madre…? —Kyle no comprendía nada—. Mi madre no…

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....