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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 672

ROJO PROMESA. CAPÍTULO 44. Conexión

La respuesta no estaba clara, pero al menos Mauro sabía por dónde tenía que empezar a investigar, y de quién tenía que cuidarse más. Podía ver en los ojos que Ainara aquella duda, y se encargó de despejarla en un segundo.

—No. La respuesta es no. Me importa muy poco que June no sea tu hija biológica. Es nuestra y punto —le dijo y vio a la muchacha respirar profundamente.

—Es nuestra —murmuró abrazándolo y terminó de contarle cómo habían sido los últimos años desde el nacimiento de June y por qué la había escondido de todos, al punto de que su padre o Lugh jamás habían sabido de ella.

Para el mediodía Mauro parecía un hombre diferente, más tranquilo ahora que sabía toda la verdad.

—Van a volver por ella. ¿No es cierto? —le preguntó Ainara con el corazón estrujado por la preocupación, pero el Keller que se levantó frente a ella estaba a una sonrisa malvada de convertirse de un cachorrito coqueto en un lobo asesino.

—Sí, van a volver, pero no vamos a perder a June —le aseguró Mauro—. Te voy a amar hasta mi último aliento, te lo prometí un día y hoy voy a hacerte una nueva promesa: Las voy a amar, a las dos, hasta mi último aliento, y no voy a permitir que nada ni nadie las aparte de mí. ¿Entendido?

Ainara asintió encontrando su boca y trató de darse valor para lo que venía. Sin embargo mientras tanto solo podían seguir con su vida lo más normalmente posible, porque June era una niña muy perceptiva y por nada del mundo querían que se diera cuenta de que algo iba mal.

La pequeña disfrutó sobremanera su primer día en la escuela, y esa tarde la llevaron a comprar su uniforme y regalos para todos los amigos de su salón.

—¡Y ahora…! ¡Ta—rán! —anunció Mauro después de la cena de esa tarde—. ¡Noche de películas!

—¡Sííííí! —exclamó June emocionada—. ¡Vamos a hacer pijamada!

—¡Entonces ve por tu pijama, monita, y yo voy por el helado! —exclamó Mauro.

—¡Y yo por las palomitas! —se brindó Ainara y Mauro la miró como si le estuvieran creciendo tentáculos.

—¿En serio? ¿No se supone que tú eres la mamá regañona?

—¡Oye, yo también quiero helado! —se quejó ella y tuvieron la mejor noche de películas del mundo.

Si en algún momento Mauro había creído que podía llegar a sentirse extraño teniendo de repente una familia, era obvio que se había equivocado completamente. Llevar a June a la escuela en las mañanas y recogerla en las tardes eran sus partes favoritas del día. Se le daba mejor amenazar a las maestras que a sus gerentes regionales, así que se sentía en las nubes en las reuniones escolares.

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