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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 822

PRINCESA... DE DÍA. Una princesa a tiempo completo

SEIS MESES DESPUÉS.

—Dime por favor que no vas a hacer ninguna burrada —dijo Chiara Keller llevándose dos dedos al puente de la nariz.

—Claro que no, mi amor. Ya sé que las burradas son lo mío, pero esta vez no es así —sentenció Jhon con una sonrisa de oreja a oreja.

—¿Entonces el rifle de asalto para qué es? —demandó su esposa.

—¡Es por una buena causa!

—¿Y por qué no me lo creo?

—Pero bueno, ¿tú quieres ser abuela, sí o no? —rezongó Jhon.

—¡Pues sí, pero con el rifle no vas a lograr que pase más rápido! ¡¿Qué vas a hacer?! ¿Asustar a los nadadores del pobre Cameron para que naden río arriba con más desesperación? —lo reconvino Chiara—. A ver si te va a salir un nieto miedoso.

Jhon se enfurruñó como si fuera un niño chiquito, pero sobra decir que esperó a que su querida y sobre todo muy respetada esposa no lo estuviera viendo para deslizar aquel rifle en la cajuela de su camioneta, así como quien no quería las cosas…

Y salió muy dispuesto a asustar a cuanto espermatozoide hubiera que asustar ¡porque él quería nietos!

Sin embargo apenas llegó a la oficina le dijeron que Cameron y Dandara estaban en el sitio de la construcción del colegio, que iba viento en popa y a toda vela.

—¡Pues por eso no me hacen nietos, porque están todo el día trabajando!

Aunque realmente no se podía imaginar un día en el que Dandara y Cameron trabajaran menos que en aquel, porque apenas estaban empezando con una inspección rápida de la obra cuando él la vio alejarse intencionalmente y la siguió apresurado hasta el estacionamiento, sin importarle a quién dejara con la palabra en la boca.

—¿Nena? Nena ¿estás bien? —le preguntó viendo que se ponía un poco pálida.

—No… No lo creo… no me siento del todo… bien… —murmuró ella y un segundo después Cameron dejaba escapar una maldición y la alcanzaba antes de que se cayera.

—Dandy, nena… ¡Dandara! —exclamó asustado viendo cómo se desmayaba en sus brazos y ni siquiera preguntó cuando aquella camioneta derrapó junto a él.

—¡Sube! —le ordenó Jhon, que había visto la breve escena mientras se acercaba a la obra.

Cameron subió a Dandara en el asiento trasero y se acomodó con ella, mientras su suegro pisaba el acelerador y ni siquiera tuvo que pedirle que los llevara a un hospital.

—¿Qué demonios le pasa a la niña? —lo increpó Jhon mirándolo por el retrovisor.

—Estamos en la misma página, no tengo idea —respondió él mientras acariciaba el rostro de su esposa tratando de despertarla—. Nena… Dandara, amor… ¿cómo te sientes? —le preguntó cuando la vio abrir un poco los ojos, pero se notaba que estaba demasiado desorientada—. Tranquila, ya vamos al hospital, ya vamos.

Y nadie tuvo que decirle a Jhon que aquello era urgente, porque solo unos minutos después era su hija la que trataba de tranquilizarlos mientras la admitían en urgencias.

—Estoy bien, solo fue un mareo tonto. Me he estado sintiendo mal toda la semana. No es para alarmarse… ¡Solo debe ser un virus! —exclamó ella cuando por fin se la llevaban en la camilla.

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