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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 825

PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 2. Sin pudores estúpidos

Gigi no había saltado de alegría al conseguir aquel trabajo, primero porque le dolía no ser capaz de aspirar a más que ser la chica de las copias, porque no tenía dinero para continuar su educación; y segundo porque desde que era una niña había aprendido muy bien a guardarse sus sentimientos, buenos y malos.

Así que cuando el señor Hommver le había dicho que por algunos días sería la secretaria del dueño de la empresa, ni siquiera había entendido qué ocurría. Simplemente había ido a su oficina y por supuesto, aquella cadena de desafortunados acontecimientos que siempre la perseguía no se hizo esperar; principalmente porque los zapatos que llevaba los había “heredado” de su madre y le quedaban dos números grandes.

Así que cuando, para completar su desgracia, aquella cafetera le cayó encima, haciéndola ahogar un gruñido de dolor, ya parecía un animalito acorralado en el suelo contra uno de los muebles, y el que parecía ser el dueño rugía como un león con hambre.

—¡No digas babosadas, Logan! ¡A esta voy a tener que indemnizarla por accidentes laborales! ¡Es más torpe que un koala desorientado! ¡Soy testigo! —bufó Niko—. Sácala de aquí, tráeme a otra…

—¡Es que no hay otra! Es al única que habla holandés en toda la compañía.

—¿Es secretaria? —preguntó Niko mirándola de arriba abajo sin intentar disimular la expresión que era mitad lástima y mitad… algo más.

—Soy… soy la que hago las copias en el Archivo… señor Keller —murmuró ella tratando de levantarse a duras penas y en cuanto se apoyó en el mueble, su mano se agarró del borde de una bandeja y tres tazas salieron volando para estallar contra el suelo—. ¡Ay, por Dios, lo siento, lo siento…!

—¿Cómo es que todavía tenemos Archivo? —gruñó Niko mirando a su hermano y Logan se encogió de hombros.

—Tómalo o déjalo, es lo que hay. Total, solo serán tres días. Vas a tener que apañártelas —murmuró y Niko cerró los ojos, respirando profundo porque era mejor que mirar hacia la montaña de documentos que todavía tenía sobre el escritorio.

—¡Maldición! ¡Manda a llamar a los de limpieza, tienen diez minutos para resolver este tiradero! —gruñó y mientras Logan salía, él alcanzaba el brazo de la chiquilla, y tiraba de ella hacia la puerta de su propio baño—. No tenemos tiempo para catástrofes, así que concéntrate, hay varios trajes en el closet, puedes usar una de mis camisas. Lávate y sal que tenemos trabajo. ¡Ve!

Vio a la chiquilla sobresaltarse y asentir apurada mientras se perdía en el baño, y un segundo después miraba alrededor, sabiendo que estaba pagando su karma por no haberse podido aguantar la calentura con su secretaria regular.

—Tres días… si solo me hubiera aguantado tres dí… ¡Demonios! —gritó viendo cómo una de aquellas tazas de café se había roto cerca de un expediente importante—. ¡Lo que me faltaba, que también se arruinen estos papeles del contrat…! —Pero en cuanto intentó apartar la taza, los pocos dedos que se le mojaron de café lo hicieron sacudir la mano con un gruñido de dolor—. ¡Maldición! ¡¿Pero qué demonios…?!

Y toda la diatriba se le detuvo en un instante cuando se dio cuenta de lo que aquello significaba. El maldito café estaba hirviendo; y ella se había volcado media cafetera encima sin levantar la voz ni siquiera dos decibeles, o llorar o siquiera protestar.

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