PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 3. Una chica bonita
Los dedos de Niko se detuvieron instantáneamente, como si una pequeña corriente eléctrica lo hubiera paralizado. A lo largo de su vida, y con treinta y seis años y sobrada experiencia a cuestas, había escuchado la falsa modestia de las mujeres muchas veces; quizás por eso podía poner sus manos al fuego, (o al café hirviente), a que aquel no era el caso.
La chiquilla de verdad no creía que fuera bonita; y él tuvo esa extraña necesidad de querer comprobarlo.
Sus dedos presionaron un poco más sobre su piel, arrancándole una mueca leve y silenciosa: tenía la boca pequeña y triste, o quizás solo era el dolor. Sus ojos eran grandes y marrones, nariz respingona y rasgos finos, cabello largo, grisáceo y deslucido, recogido en una coleta a la altura de la nuca.
Sus dedos siguieron más abajo, sobre el borde del brasier, que enmarcaba un seno llenito y firme, que apenas le llenaría la palma de la mano. No podía ver el resto de su cuerpo, enfundado en su camisa y en una falda larga y plisada que parecía sacada de una película antigua. No llevaba medias de seda como el resto de las mujeres de la compañía, y se notaba que los zapatos que estaba usando le quedaban demasiado grandes.
Y el resto de ella, absolutamente toda su expresión, era algo así como la de una pequeña muñeca angustiada. Así que tenía razón, no era nada deseable en aquel preciso momento, pero eso no significaba que fuera fea, solo era… demasiado tierna.
—Te falta sofisticación, una buena estilista, ropa y zapatos de tu talla y dejar de comerte las uñas —siseó por lo bajo—. Pero ya sabes lo que dicen: no hay mujer fea sino marido tacaño, cuando te encuentres al hombre adecuado te aseguro que te arreglarás mejor.
Los ojos de Gigi subieron hasta los de Niko, porque estaba segura de que estaba burlándose de ella de alguna manera. ¿De verdad le estaba diciendo eso? ¿De verdad creía que podría conseguir un hombre así como era?
—Por lo menos tiene sentido del humor… —murmuró ella subiéndose la camisa sobre el hombro lastimado y cerrándose aquel botón que por desgracia, aun le dejaba ver a Niko esa fina línea, blanca y tentadora, entre sus senos—. Me iría mejor en un convento que consiguiendo marido, señor Keller. Las mujeres feas tenemos que ser inteligentes a la fuerza, y por lo pronto mis únicas habilidades son tener accidentes y no quejarme, así que… si conoce algún puesto en el que paguen bien por eso…
Niko dio un paso atrás mientras ella se bajaba del lavabo y la vio trastabillar de nuevo sobre aquellos tacones enormes. ¿Qué demonios hacía una chica como ella en su compañía?... ¡Ah sí, copias!
—Será mejor que nos pongamos a trabajar, señorita…
—Gigi —dijo la muchacha y él no se molestó en explicarle por qué demonios el protocolo exigía que se presentara con su apellido.
—OK, Gigi, termina de limpiarte, tenemos mucho trabajo que hacer hoy —gruñó porque no tenía tiempo de sobra para perderlo y para cuando volvió a salir a su oficina ya estaba todo limpio y recogido.
Gigi, por su parte, envolvió su blusa sucia y la guardó, porque no estaba como para perder ropa con la poca que tenía, solo esperaba que aquella mancha de café se le saliera. Y trató de ser más una ayuda que un problema en lo que quedó del día.
—Hay que traducir todo esto —dijo Niko poniéndole delante una pequeña computadora con diez archivos—. Son contratos que tengo que firmar en dos días, ya mis abogados los revisaron, pero tengo que firmarlos bajo las leyes holandesas así que prefiero cerciorarme de que no haya ningún problema con la letra pequeña.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....