PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 8: El volcán de la mala suerte
Quería saltar sobre los muebles, sobre la cama, sobre la alfombra o esa cosa esponjosa que había a los pies de su cama… ¿Cómo era que se llamaba?
¡No tenía idea! ¡No le importaba!
¡Solo quería saltar! ¡Y gritar! ¡Y reír!
—¡Gigi!
Aquel grito fatídico de su jefe la desbalanceó, porque para ser claros, cuando Niko Keller se enojaba su voz podía desbalancear hasta a un mamut sin rodillas, y Gigi acabó a punto de tragarse la lengua y cayéndose sobre el trasero en aquella cama en la que estaba saltando hasta casi llegar al techo.
—¡Señor Keller!
Niko se quedó mudo mirándola. Lo único que tenía puesta era aquella camisa suya que le llegaba casi a las rodillas, y probablemente alguna de aquellas bragas de Hello Kitty porque él podía jurar que era capaz de ver los rebordes rosados bajo la tela blanca. El cabello no podía tenerlo más desordenado ni la sonrisa más luminosa… al menos hasta que él había entrado.
—¿¡Tienes idea de a qué volumen está puesto el televis…!? —intentó regañarla porque aquello era lo único que podía sacarle el resto de la imagen de la cabeza, pero ella se lanzó por aquel control remoto a más velocidad de la que una chica torpe como ella debía, y el rebote de la cama acabó lanzándola en la dirección de los brazos menos convenientes.
Niko contuvo el aliento aquella cosita despatarrada voló directamente hacia él y para el mismo momento en que la atrapó antes de que se diera de bruces contra el suelo ya tenía preparado su próximo regaño.
—¡No puedo creer que estés borracha! ¡Mañana tenemos trabajo! ¡Eres una irresponsable y…!
Pero ese era el problema, que tenerla sometida en aquel abrazo dejaba la boca de Gigi a la altura exacta para saber que no se había bebido ni una gota de alcohol. Olía a chocolate, a fresas, a crema… y algo de vainilla, mientras aquellos ojazos que parecían del tamaño del mundo lo miraban con espanto.
Y en ese mismo segundo los de Niko recorrieron la habitación, dándose cuenta de que había más de diez platos de postres limpios y dos tarros de helado.
—Esto no me puede estar pasando… No puede ser… Gigi… ¿Te comiste todo eso? ¿Tienes un puto pico de azúcar? ¿¡Pero tú qué edad tienes?!
—Dieciocho —respondió ella con un puchero al borde de las lágrimas y Niko pasó saliva porque aquello era simplemente… irreal.
En sus suites presidenciales lo habían esperado mujeres desnudas, mujeres deseosas, mujeres ebrias, mujeres ofrecidas y hasta equivocadas, pero juraba que jamás lo había esperado una chiquilla con exceso de azúcar en sangre.
Y ni siquiera la soltó, solo caminó con ella hasta la barra y la sentó allí, sacando una botella de agua de medio litro y poniéndosela en las manos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....