PEQUEÑA AMADA MÍA: CAPÍTULO 31: Unos calzones imaginarios
Niko se quedó mudo ante la pregunta de Gigi.
El mundo pareció detenerse por un segundo mientras las palabras resonaban en su cabeza:
“¿Y también tengo que averiguar… cómo hacerlo feliz a usted?”
Ella ya lo hacía feliz, eso era lo peor de todo, eso y saberlo desde hacía días, pero no podía soltar algo así. No en ese momento, no con tanto en juego. Porque aunque él no fuera capaz de poner todos aquellos sentimientos en palabras, de repente se sentía demasiado mayor para ella, demasiado experimentado, demasiado maduro, como si eso significara ponerla en desventaja.
Se aclaró la garganta y evadió la intensidad de la situación.
—Bueno, primero debemos elegir una oficina para ti —dijo con una sonrisa tensa—. ¡Y hablar con Recursos Humanos para definir tu nuevo sueldo! ¡Eso es muy importante, porque luego con eso vas a decidir si estudias o no… claro que siempre puedes estudiar a tiempo parcial y seguir haciendo tus dulces… y no tengo problemas en que los vendas en la cafetería, aunque creo que te pedirán un certificado de…!
Gigi lo miró durante un largo segundo y su expresión se oscureció ligeramente. Si era honesta había esperado algo más que aquella diarrea verbal que se le estaba saliendo a Niko por la boca, pero tenía que enfrentar lo que eso significaba: que él no tenía ni el más mínimo interés en la verdadera conversación, esa que ella había esperado desde el día anterior.
El beso, el momento en la cocina… Todo había sido real para ella, pero ahora, viendo cómo Niko la esquivaba, empezó a dudar. Quizás todo había sido producto de su imaginación, quizás solo había sido un arrebato momentáneo, nada más.
—Claro… —murmuró con tristeza: y por más que intentaba sonreír, no pudo evitar que una punzada de decepción se instalara en su pecho.
Niko la llevó a recorrer varias oficinas vacías del piso y eligió para ella la mejor, sin que la muchacha pudiera decir ni una palabra al respecto. Y solo se despidió de ella para enviarla al departamento de Recursos Humanos, donde los responsables le presentaron la propuesta para su nuevo puesto.
Gigi escuchó atentamente lo que se suponía que hiciera, pero su mente seguía atrapada en lo que había sucedido con Niko. De repente, uno de los encargados mencionó su sueldo, y eso sí logró arrancarla de sus pensamientos.
—¿Perdón? —Gigi jadeó con los ojos muy abiertos—. ¿Cuánto?
—Es el paquete salarial que el señor Keller ha destinado para el puesto —explicó el encargado—. Cree que es justo para el nivel de responsabilidad y la importancia del rol.
—¿Y usted cree que es justo? —preguntó mientras el hombre frente a ella apretaba los labios.
Evidentemente algo estaba mal. Ese salario era demasiado alto, casi insultante para cualquier persona que tuviera un puesto administrativo en cualquier compañía. Así que la única explicación era que el dueño hubiera inflado las cifras para ayudarla y Gigi no podía aceptarlo.
—Regreso en un momento. Por favor espéreme —respondió, antes de salir de allí en silencio.
Con paso más firme del que había imaginado, se dirigió a la oficina de Niko, y la señora Nuvés le hizo un gesto para que pasara sin siquiera avisarle a su jefe.
Gigi empujó la puerta y levantó la barbilla, porque estaba decidida a decirle lo que pensaba, porque él le había dicho mil veces que tenía que decir las cosas que pensaba… y porque era demasiado alto, si no subía la cabeza solo le estaría viendo los pectorales mientras discutían el salario.
Sin embargo él tenía una sonrisa radiante y a Gigi casi le molestó quitársela.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....