Entrar Via

UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 855

PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 32. A toda velocidad

Niko no pudo contener la risa mientras Gigi lo miraba completamente desconcertada, todavía tratando de procesar lo que acababa de suceder.

—¡Tú… eres un demonio! —exclamó, apuntándolo con el dedito como si lo hubiera descubierto cometiendo un crimen… y olvidando por completo que en el trabajo no se suponía que lo tuteara.

¡Era su jefe!

El problema era que en aquel momento “el jefe” tenía una sonrisa de oreja a oreja tan coqueta como peligrosa.

—No es cierto, soy un dulce angelito, Gigi, uno que sabe muchas matemáticas y tiene buen control de su compañía —dijo él, encogiéndose de hombros con el más absoluto descaro—. Además, fuiste tú la que aceptó el 0.2 %.

Gigi frunció el ceño, aguantándose las ganas de pellizcarlo, pero sabía que había veces en que no se podía pelear contra él. Se cruzó de brazos y lo miró con la expresión más seria que podía reunir.

—No puedo ganar tanto dinero, Niko, la gente va a empezar a hablar… —dijo ella con preocupación.

—¿Y qué más da lo que diga la gente? —respondió Niko rápidamente, como si fuera la cosa más obvia del mundo—. Gigi, no puedes seguir viviendo dependiendo de lo que otros piensen. Al diablo con todo el mundo. Lo importante es que tú estés bien, que te concentres en ser feliz. Además, ¿qué pueden decir de ti?

—¿Qué el dueño de la empresa me trata con preferencias a cambio de… algo más?

—¡Ay, claro que no! —se carcajeó Niko—. Si yo a las que me follo las despido al momento y todo el mundo lo sabe porq… —Pero en el mismo momento en que la vio levantar aquellas cejas sorprendidas supo que había metido la pata de buena manera—. ¡Joder, no era eso lo que quería decir! ¡Tú eres distinta, eres especial para mí en una forma muy muuuuuy diferente y yo…!

—Será mejor que me vaya antes de que me sangren los oídos —suspiró Gigi y se dirigió a la puerta en silencio, rumiando sus palabras. Quería creerle, quería dejar de preocuparse por el qué dirán, pero le resultaba complicado. Ella era así, siempre pensaba en los demás antes que en sí misma.

—Pues de ahora en adelante… ¡regalaré todos mis pastelitos! —exclamó de repente, como si hubiera encontrado una solución a sus problemas.

Niko no pudo evitar reírse con ganas. Esa forma tan dulce y casi infantil en que Gigi intentaba ser desafiante lo desarmaba por completo. Siempre encontraba la manera de parecer adorable incluso cuando estaba tratando de ponerse firme.

—Sí, claro, regálalos, pero te advierto que yo me comeré el ochenta por cuento —dijo, todavía riéndose.

—¡No te atrevas! —respondió ella.

Y aunque todo parecía haber vuelto a su extraña normalidad, lo cierto era que el recuento de cuerpos por los que había pasado aquel hombre era una imagen mental capaz de torturarla.

Sin embargo, él era muy capaz de tener otras ideas que la sacaran de quicio, y Gigi lo supo esa noche, cuando regresó a casa después de un largo día, y lo encontró en la cocina, esperándola con un brillo pícaro en los ojos. Le bastó correr hacia la despensa para ver que estaba llena de sacos de harina, azúcar, cacao, y un sinfín de ingredientes que probablemente le durarían varios meses.

—¡Niko! —gritó ella—. ¡¿Qué es esto?!

—Te compré un pequeño arsenal de ingredientes para tus pastelitos, ya que los vas a regalar a todo el mundo —dijo él con una sonrisa inocente—. No sería justo sacarlo de tu salario.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD