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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 867

PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 43. Satisfacción absoluta.

Niko ni siquiera quería contener la intensidad de lo que estaba sintiendo en aquel momento. La chispa podía surgir entre ellos en medio de una conversación, de un chiste, de una pelea… y transformarse rápidamente en una necesidad imposible de ignorar.

Su lengua se hundió en la boca de Gigi y ella lo recibió con la misma urgencia, sintiendo cómo el cuerpo de Niko se tensaba contra ella. Era tierno y protector la mayoría de las veces, y otras, como aquella, solo parecía que batallaba para mantener al monstruo controlado.

Pero el monstruo evidentemente ya estaba suelto, porque solo escuchó aquel gruñido hondo mientras él le daba la vuelta y sujetaba sus palmas abiertas sobre la mesa, haciéndola inclinarse hacia adelante por la fuerza de su peso.

—Niko... —susurró Gigi cerrando los ojos mientras sentía la forma deliciosa en que se restregaba contra su trasero.

Y él no le dio tiempo de decir nada más. Sus manos se deslizaron con destreza por su cuerpo, deshaciéndose de la ropa que apenas quedaba entre ellos, y el aire en el comedor se volvió denso, cargado de deseo. La boca de Niko recorrió su espalda desnuda mientras Gigi se estremecía de deseo.

—¿Tú también quieres esto, nena? —gruñó Niko con una voz baja y ronca.

—No… casi nada… —respondió ella, jadeando cuando sintió aquellos destrozándole las bragas, con una intensidad que le hacía casi imposible pensar con claridad—. ¿Y tú estás seguro de que quieres aquí…? Esto no es nada tierno ni…

—Mañana vuelvo a ser tierno… —jadeó él mientras acariciaba sus pechos y sentía aquella erección buscar furiosa la entrada hacia su cuerpo, como si de verdad fuera una bestia viva e independiente—. Hoy solo quiero darte duro, muñeca… ¿puedo?

Gigi sonrió en medio de la más absoluta satisfacción y asintió.

—Permiso concedido…

Lo que siguió fue un torbellino de sensaciones y gemidos. Niko la besaba con hambre, como si quisiera devorarla, como si el momento los consumiera a ambos. Sus movimientos eran rápidos y decididos, pero cada toque, cada caricia, estaba lleno de pasión. La intensidad entre ellos crecía a cada segundo, y Gigi arqueó la espalda cuando lo sintió entrar en ella con fuerza, como si sus cuerpos necesitaran conectarse con una urgencia salvaje.

—¡Dios, Niko! —gritó ella, agarrándose al borde de la mesa mientras él la sujetaba firmemente por las caderas.

—¡Sabía que podías con esto, princesa! —gruñó él con un jadeo delicioso, sintiendo la forma en que las paredes de Gigi se tragaban su miembro con la resistencia precisa como para enloquecerlo—. ¿Te gusta…?

—Eres muy tierno… —gimió ella apoyando el vientre en la madera mientras sus pies apenas alcanzaban a tocar el suelo.

—Yo no soy… —Niko se interrumpió y sonrió con malicia—. Entendido, jefa.

Lo siguiente que escapó de su pecho fue un gruñido mientras aumentaba el ritmo. El sonido húmedo de su cuerpo contra el de Gigi era electrizante. Los gemidos la muchacha llenaban el aire, sus uñas se clavaban en la mesa, y su respiración era cada vez más acelerada. Niko empujaba más fuerte, más rápido, como si no pudiera controlarse, como si necesitara liberar todo lo que había contenido en las últimas semanas.

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