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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 872

PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 48. El ejército Keller

Una semana, dos, tres, cuatro… Un mes, dos meses, tres meses…

El tiempo simplemente pasaba volando desde que Gigi había empezado en la escuela de repostería, y cada día parecía que la vida le sonreía un poco más. La emoción inicial por su nueva aventura no había hecho más que crecer, y ahora, después de semanas de estudio y práctica, sentía que estaba comenzando a encontrar su lugar.

Sus habilidades en la cocina, increíblemente, mejoraban, su confianza aumentaba y, lo más importante, se estaba rodeando de personas que la hacían sentir querida y valorada.

Niko la esperaba todos los días, literalmente, como un niño aguardando por un dulce… en todos los sentidos. No solo le daba ánimos, sino que parecía genuinamente fascinado por todo lo que ella hacía, desde los pequeños postres que le traía hasta los proyectos más grandes que tenía que presentar en clase.

Gigi a menudo se sorprendía al verse a sí misma tan integrada en ese nuevo mundo. Había hecho algunos amigos en la escuela, pero la conexión más especial la había formado con Mariel, la hermana menor de Niko. Era mayor que ella, claro, pero era una chica vivaz, con una chispa única que iluminaba cualquier lugar en el que estuviera.

Muy a menudo se iban a Lucerna a visitar a la familia, y entre ellos ya Gigi había superado las casitas de jengibre de la tía Andrea, y para esas navidades se perfilaba como que nadie podría robarle el premio del concurso familiar.

Sin embargo a pesar de todo lo bueno, de cuando en cuando Gigi recibía mensajes de su madre. Eran cortos y algo fríos, como siempre lo habían sido: "¿Cómo estás?" "Espero que estés bien." “No te mataría saludar alguna vez”.

Pero cuando Gigi veía uno de esos mensajes, una parte de ella se revolvía por dentro. No sabía cómo responder. No estaba segura siquiera de si quería responder.

Y Niko podía notar cada momento en que se ponía insegura y frustrada por eso.

—¿Te escribió de nuevo? —preguntó Niko y ella asintió poniendo el teléfono a un lado.

—Sí —suspiró Gigi—. Me manda mensajes, pero no sé si quiero responder.

Niko la observó en silencio durante unos segundos, y luego la envolvió en un abrazo arrastrándola sobre él.

—¿Por qué no? —preguntó suavemente—. A lo mejor solo quiere saber cómo estás.

Gigi sacudió la cabeza, sintiendo cómo la frustración crecía en su pecho.

—No es eso, Niko. Es solo que... —Hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas—. Estar aquí, contigo, con tu familia, con personas que me quieren… me hace darme cuenta de lo poco que mi madre realmente me ha querido toda mi vida. Es difícil de explicar, pero... la diferencia es demasiado grande, y a veces cuando abres los ojos es demasiado difícil cerrarlos otra vez. Pasé toda mi vida sintiéndome torpe, insuficiente… y todo eso fue por ella, porque ella me lo decía y me lo repitió hasta que me lo creí, hasta que de verdad me lo creí.

Niko alcanzó su boca con un beso suave y le acarició la espalda.

—Lo entiendo —dijo con una sonrisa comprensiva—. No tienes que hacer nada que no quieras hacer. Si no sientes que es el momento de hablar con ella, entonces no lo hagas. Solo quiero que sepas que estoy aquí para ti.

Gigi sonrió, agradecida por su apoyo. Le reconfortaba saber que no estaba sola y, como siempre, Niko tenía un as bajo la manga para animarla.

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