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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 871

PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 47. Señorita repostera.

Gigi se sentía diferente, como si hubiera despertado de un sueño profundo. La vida al lado de Niko había cobrado un nuevo sentido. Después de aquel enfrentamiento con Van Beek, las cosas parecían más claras: ella era más valiente de lo que había esperado y él era un ogro en proceso cunado se trataba de protegerla.

Sin embargo después de mucho pensarlo, tenía que hacer honor a todo el esfuerzo que Niko ponía todos los días en hacerla sentir al menos un poquito más segura de sí misma, así que un par de semanas después carraspeó mientras se reunía con él sobre la cama.

—Niko, tengo que contarte algo —dijo cruzando las piernas bajo su cuerpo con un poco de ansiedad.

Él levantó la vista de la computadora en la que estaba trabajando, y la apartó a un lado con una expresión curiosa.

—Claro, nena, dime.

—Me he matriculado en la escuela de repostería —anunció ella conteniendo la respiración y vio cómo los ojos de Niko se iluminaban en un instante.

—¡No! ¿¡Es en serio!? ¡Eso es increíble, Gigi! —exclamó abrazándola con fuerza y llenándola de besos—. ¡Estoy tan orgulloso de ti! ¡Vas a ser la mejor repostera! ¡Tendrás las tiendas de repostería más grandes del mundo y yo podré retirarme y ser un viejito panzón a tu lado!

Gigi se ahogó de la risa porque sus palabras siempre la llenaban de calidez.

—Gracias, trataré de contribuir a tu pancita. Pero aún quiero seguir trabajando en la empresa a medio tiempo —dijo, un poco insegura—. No quiero dejarlo todo atrás.

Niko asintió, comprensivo, y la acurrucó para besarla mejor.

—Eso suena perfectamente razonable. Solo asegúrate de no sobrecargarte. Quiero que disfrutes de este nuevo capítulo de tu vida, no que la gente piense que tienes un novio explotador que te hace trabajar en la compañía y luego en casa…

—¡Pero si no me dejas hacer nada en casa! —replicó ella.

—¡¿Ah, no?! Dame un minuto y te voy a recordar todo el trabajo que haces…

Y como eso por supuesto implicaba jadeos y gritos, Gigi se le subió encima y lo detuvo aparentando un poco de seriedad.

—Niko… ¿Crees que es correcto que vivamos juntos tan pronto? —preguntó porque eso ni siquiera les había pasado por la cabeza en el momento en que él la había aceptado en su casa.

—Bueno, nena… la verdad es que yo no tengo dudas sobre nuestra relación. Sé que te amo y tú me amas —dijo con firmeza, acariciando su espalda.

—Yo tampoco estoy dudando, es solo que… —murmuró, y él le sonrió, llenándola de confianza.

—Que a veces es difícil dar el salto, pero estoy aquí para ti, siempre —le aseguró, inclinándose para besarla suavemente.

Gigi lo besó despacio… y luego no tan despacio… y luego se desató la bestia.

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