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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 875

PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 51. Una familia mal elegida

Niko estaba sentado detrás de su escritorio, con los codos apoyados en la superficie de madera, mirando a Chantal con una mezcla de frialdad y frustración. Habían pasado tantos años, tantos recuerdos enterrados bajo capas de silencio y distancias bien marcadas. Y ahora, ahí estaba ella, de pie frente a él como si tuviera derecho a entrar por la puerta sin pedir permiso.

—No pasa nada, señora Nuvés… pero llame a Seguridad y que esperen en mi puerta —sentenció Niko viendo cómo su asistente se asomaba a la puerta apresurada detrás de Chantal.

—¿En serio me vas a hacer sacar con…?

—¡A ti te hice una maldit@ pregunta y todavía no la has respondido! —gruñó él levantándose—. ¿Qué demonios estás haciendo aquí? —preguntó Niko, sin molestarse en disimular el tono seco y cortante de su voz.

Chantal lo miró con una expresión que mezclaba sorpresa y algo más, algo que Niko no se molestó en descifrar.

—Ha pasado mucho tiempo, Niko —respondió ella suavemente, como si con esas pocas palabras pudiera justificarlo todo.

Él solo cruzó los brazos frente a su pecho con una mueca. No estaba interesado en ese tipo de charla emocional. No después de todo lo que había sucedido entre ellos.

—Sí, dieciocho años —replicó con sarcasmo—. Ha subido el nivel del mar, es más grande el hueco en la capa de ozono y se han extinguido siete especies. Y sigo sin ver un motivo para que estés aquí.

Chantal pasó saliva, porque el joven Niko que recordaba estaba lejos de ser duro o frío. No había tenido ninguna intención de volver a topárselo, pero ver a toda su maldit@ familia con Gigi… eso era más de lo que había podido soportar.

—Pensé que a lo mejor era tiempo de que te diera una explicación, que te dijera…

—Lo siento, pero no me interesa —la interrumpió Niko—. No te he pedido explicaciones, no me importan, y te aseguro que tampoco voy a darte tres millones más para que vuelvas a largarte, si eso es lo que buscas.

La expresión de Chantal cambió en un instante. Se tensó, y su mirada se oscureció, mostrando el rencor y la rabia que llevaba tanto tiempo ocultando.

—No estoy aquí por dinero, Niko —espetó ella.

—Sería la primera vez —gruñó él con sarcasmo—. ¿O me vas a negar que esa fue la cantidad que le aceptaste a mis padres para desaparecer de mi vida?

—¡No, no voy a negarlo! ¡Es cierto que lo acepté y sí, me fui. Pero crees que fue porque yo quise… ¿verdad?

—¿Me estás preguntando si creo que tuviste elección? Claro que la tuviste —replicó él con tono glacial—. Pero te fuiste. Aceptaste el dinero y te marchaste.

Chantal se acercó al escritorio con expresión desesperada.

—¡Lo hice porque no me dejaron opciones!

—¡Te dije que no me interesa, como un demonio!

—¡Lo hice por nuestra hija! —gritó, golpeando la mesa con ambas manos y el rostro de Niko se puso pálido en un segundo.

Durante un momento, la oficina se sumió en un silencio tenso, y luego solo salió un siseo amargo entre los labios del magnate.

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