PEQUEÑA AMADA MÍA. CAPÍTULO 68. Invitados indeseables.
Mientras tanto, quizás no tan ajena al odio de su madre pero sí un poco más indiferente, Gigi se preparaba para la fiesta de compromiso con la ayuda de Anja y de todas las primas y tías de Niko. El salón había sido decorado con elegancia, lleno de luces y flores en tonos suaves que resaltaban la sofisticación del evento.
El vestido de Gigi era una obra de arte: de seda dorada, sencillo y elegante; sin embargo mientras caminaban por aquellas tiendas eso no fue lo que más llamó su atención. Una enorme tienda para bebés en el centro comercial la hizo desviarse y por supuesto que salieron de allí con un montón de ropita y juguetes para el bebé.
Lo último que imaginaba era que al otro lado de la calle a alguien se le estaba retorciendo el hígado porque entendía lo que aquellas compras significaban.
—Allí está —murmuró Renard desde el asiento trasero de aquel auto con vidrios polarizados, hablando con un tono decidido—. Todo lo que necesitamos hacer es esperar el momento adecuado.
Encendió el coche y se dirigió a la casa de Chantal después de un día entero de seguir a Gigi y Anja por la ciudad. Apenas cruzó la puerta ella lo recibió impaciente, con sus uñas tamborileando con fuerza sobre la mesa.
—¿Y bien? —preguntó sin molestarse en saludarlo.
Renard lanzó una mirada cansada y frustrada.
—Las seguí todo el día, pero llevaban escoltas. No hubo forma de acercarse. Pero, —dijo con una sonrisa retorcida—, pude tomar algunas fotos.
Chantal frunció el ceño mientras él sacaba su teléfono y le mostraba una serie de imágenes. En ellas, Gigi y Anja salían de la tienda de bebés con un montón de bosas de ropa diminuta, peluches, y zapatitos.
La expresión de Chantal se transformó de molestia a furia absoluta, mientras sus ojos destelleaban de odio.
—Así que la princesita está embarazada —murmuró con desprecio, y luego, soltando una risa fría, agregó—. Esto nos facilita las cosas.
Renard la miró con curiosidad, esperando a que desarrollara la idea, porque al final era evidente que los dos tenían una mente macabra a su propia manera.
—Con ese embarazo tenemos una ventaja —dijo ella, sin disimular su satisfacción—. Al final, el dinero de los Keller tiene que pasar por mis manos. Este es el momento perfecto para hacernos presentes, ¿no crees? Para recordarles que no podrán librarse de nosotros tan fácilmente.
Seis horas después el salón de eventos estaba a rebosar, y los invitados resplandecían bajo las luces y los destellos de los flashes de los periodistas. La alta sociedad suiza estaba reunida para celebrar el compromiso de Niko y Gigi, y la atmósfera estaba llena de expectativa y murmullos emocionados.
Gigi había tardado una hora en arreglarse. Otra en que Niko la desarreglara y otra más en componerse de nuevo antes de caminar a su lado entre la gente. (Aunque definitivamente él seguía con la pajarita torcida). Sus manos iban entrelazadas mientras recibían felicitaciones y buenos deseos de cada invitado.
—Todo está bien —le susurró Niko al oído, apretando su mano con firmeza—. Esta noche es nuestra.
Pero justo cuando ella intentaba convencerse de eso, una voz que conocía muy bien rompió el encanto.
—¡Niko…! —lo llamó su padre—. Será mejor que vayas a la entrada un momento.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....