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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 998

CURVAS DE INFARTO. CAPÍTULO 47. Un novio celoso

Chloe se miraba al espejo en la sede de Odette, repasando con cuidado los últimos detalles de su maquillaje. La luz cálida del camerino parecía iluminar no solo su rostro, sino también su ánimo. Ya no sentía aquellos nervios insoportables ni esas dudas que solían apretarle el pecho. Todo lo contrario: se sentía bien consigo misma; más confiada, más fuerte, más feliz.

—Muy bien, camina más despacio. Eso… —la iba orientando el profesor de modelaje—. Tienes unas caderas hermosas, Chloe, no tengas miedo de moverlas.

—¡Benjamííín! —advertía Elías y el hombre levantaba una ceja divertida en su dirección.

—Me corrijo, no tengas miedo de mover tus caderas para poner celoso a ese novio tuyo que es un perro de presa.

—¡Con énfasis en perro! —rezongó Elías haciéndole una señal al instructor como para que le hablara con menos confiancitas a su novia.

Pero todo lo que se ganó fueron muchas risas y un abrazo enorme de Chloe que incluía uno de esos besos que eran pura invitación.

Después del éxito rotundo de la campaña de medias, algo dentro de ella había cambiado. Había aprendido a modelar, a posar para las cámaras, a mostrarse sin miedo ni vergüenza, aceptando cada curva con orgullo. La presión y las críticas que alguna vez la habían paralizado ahora parecían solo un recuerdo borroso. Se veía hermosa, sí, pero también sabía que ese brillo no venía sólo de fuera. Venía de adentro, de un lugar donde había aprendido a amarse porque, tal como Elías le repetía día y noche, era una mujer brillante.

El bullicio de la sede de Odette comenzaba a sentirse en serio. Por el salón se paseaban diseñadores, fotógrafos y periodistas, todos emocionados por la gran presentación que vendría, todos queriendo alguna exclusiva.

Los anuncios con la nueva campaña de Odette estaban ya por toda la ciudad. Las calles, los paraderos de bus y las revistas mostraban imágenes vibrantes de Chloe, luciendo las prendas con una sonrisa natural y llena de seguridad. La campaña era moderna, fresca y, sobre todo, celebraba la belleza en todas sus formas.

—¿Ahora te siguen a la universidad? —preguntó Melissa dándole un codazo amistoso mientras señalaba a un paparazzi que la estaba fotografiando a la salida de la universidad—. ¡Elías se va a poner desquiciado! Le doy tres fotos más antes de que te pona guardaespaldas y te prohíba salir sola.

Y las dos rieron, pero la verdad era que ahora, mientras caminaba entre la multitud, Chloe notaba cómo los fotógrafos la seguían, disparando flashes a cada paso. No le gustaba particularmente la atención, pero sí le sorprendía la forma en que casi todos los artículos hablaban no solo de ella, sino también de Elías.

La historia de amor entre Chloe y el millonario Keller se había convertido en la comidilla de las redes sociales. Las revistas de moda, los blogs y hasta los programas de farándula dedicaban columnas enteras a contar cómo él la miraba como si fuera el mayor tesoro del mundo. Chloe no hacía nada para exponerse, pero Elías parecía encantado de presumirla en restaurantes, exposiciones de arte o reuniones con amigos.

“Adoración sin pudores”, había escrito como titular una periodista sobre la forma en que él la trataba, y era cierto, porque Elías parecía todo el tiempo estar a punto de besarla, acariciarla, abrazarla o comérsela de alguna manera.

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