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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 103

Él se ríe y llegamos a la habitación. Voy al baño tal cual mencioné, cierro la puerta y siento un gran alivio de tener un inodoro cerca de mí. Pero al intentar inclinarme para recoger el vestido y poder subirme la falda, no puedo.

Lo intento de otra forma, como de lado, bajar para agarrar el ruedo del vestido de novia. Tampoco puedo. La faja y la estructura del vestido me impide bajar como quisiera. Quizás en otro momento pudiese pensar una forma de quitarme el vestido para orinar, en este no. Abro la puerta rendida.

—¿Me ayudas a subirme el vestido? No puedo y quiero orinar — pido ayuda.

Luciano me ve asombrado ligeramente y después divertido. Se acerca a mí, para después arrodillarse. No le hace bien a mi estabilidad emocional que esté subiéndome la falda, tampoco que esté haciendo contacto directo con sus manos en mis piernas. Esos ojos de depredador que tiene, no son buenas noticias para mí. En lo que la tela está cerca de mis manos, le arrebato lo que tiene el sujetado y retrocedo.

—Así está bien. Me las puedo ingeniar con esto — exclamo yendo al baño.

Cierro la puerta otra vez, me bajo la ropa interior y me siento en el inodoro con mucho cuidado de no ensuciar el vestido. Me siento como un bollito con tanta tela acumulada. Lo bueno es que puedo vaciar mi vejiga, limpiarme, bajar mi vestido y darle a la palanca para salir del baño.

—Te mereces una estrellita por haber ido al baño sola — bromea Luciano.

—Muy gracioso. Ayúdame a extender el vestido. ¿Cómo se ve por detrás? — le pido.

Él hace lo que le he pedido, cerca de un espejo me va estirando la falda del vestido, en esas zonas donde se había arrugado la tela. Aprovecho para confirmar el estado de mi maquillaje, luce impecable.

—¿Sabes de qué me acabo de acordar? — menciona enfocado en su tarea.

—¿De qué?

—Que nunca me pagaste la recompensa que merecía al llevarte a conocer a mi familia.

La infame recompensa que selló Luciano después de regalarme la camioneta. Algunos podrán decir que no soy una mujer de palabra al actuar como lo haré, pero eso no importa.

—¿Todavía te acuerdas de eso? Ha quedado invalidada por el tiempo que ha pasado — me excuso.

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