Entrar Via

Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 109

—No aquí. En Estados Unidos. Aunque mi hija vive aquí. Trabaja en construcción — resuelve María.

Ella analiza el rostro de María con mucho detenimiento. No compra inmediatamente esa explicación. Hasta que va aceptándola.

—¿Construcción? ¿De casualidad será en los anexos en los que está trabajando Belmonte Raíces? He estado supervisando esa obra y… creo haber visto a su hija… es igual a usted, pero con pelo… con pelo ¿rubio? ¿Me equivoco?

Marianne sin saberlo da un golpe maestro a María. Su rostro lo revela, la había atrapado. Claro que la había atrapado, cometió dos errores de principiante a pesar de sus largos años de experiencia: nunca subestimes a un objetivo y no interactúes directamente con ellos.

Entre su plan no estaba que Marianne nos hubiese escuchado, ni que fuese así de curiosa. Era mejor venir a advertirme que no debería haberme casado con ella. Aun así, a este nivel me valía verga sus opiniones. Mi matrimonio se realizó tal cual planee.

—Ella tiene que ser — se ríe María — con muchos años menos encima.

—Si la vuelvo a ver, la saludaré. Deben tener una buena relación para que nos haya acompañado este día — comenta Marianne.

—Muy buena… tengo que irme iba de salida, mi hijo vino a buscarme, con permiso — esta se desaparece de nuestra vista.

Termino mi cigarrillo, lo apago en contra de un cenicero cercano.

—¿Regresamos a la celebración? ¿O no queda rastro de ella? — invito.

Ella me ve confundida. En lugar de permanecer alegre como se veía su semblante al despedirse de la vieja.

—¿Qué? — le vuelvo a preguntar.

—Ella no estaba en la lista de invitados. No había ninguna María en las invitaciones. ¿Cómo la dejaron entrar? — interroga.

También quisiera saber cómo Julia, su verdadero nombre, entró en mi boda. Tanto que criticó mi ego, y ella misma sufrió de este al venir a darme consejos en persona que nadie le pidió.

—Pedí que la dejasen entrar. Se enteró de que me casaría y quiso colarse. Sabes cómo es mi familia con su personal de servicio, invité a un par de empleados domésticos de la mansión. No somos ese tipo de familia. ¿Algún problema?

Hago ese planteamiento como si estuviese dudando de la posición de Marianne. De si le molestaba que hubiese invitado a un par de sirvientes a nuestra boda. Casi que la acuso de elitista con mi tono, ella lo capta y niega con insistencia.

—No, no, para nada. Sólo me dio curiosidad porque no estaba en la lista, no-no me parece raro que seas amigo de gente que trabaja para ti — se defiende torpe, como avergonzada de que pensase lo contrario.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Un contrato inesperado con mi jefe