—¿Tío, por qué eres así de malo con Liam? ¿Te gusta que mi abuelo se la pasé regañándote por lo cruel que eres? — comenta Sara.
Me gustaría ignorar el hecho de que la hija de Leonel, de mi odiado primo, esté llamándome “tío”. Ese es un lazo emocional que no me gustaría tener. Pero que igual tengo para mi pesar. Cuando Sara entró a la familia me llegaba por la cintura, ahora nos podíamos mirar a los ojos de lo mucho que había crecido.
—No me gustan los regaños… ni Liam. Quedaré mal por donde sea Sarita — contesto. Sara se ríe.
—¿Es verdad que llevaste al señor Liam al hospital por los golpes que le dio el papá de Marianne? — pregunta sumamente interesada.
La verdad no es así de interesante como ella cuenta. Al separar a Liam de Sergio, le dije que se comportara. Él me reclamó, qué cómo me había podido casar con la hijastra de América, que si no tenía una gota de sangre en las venas y que era un buen hijo de mi madre. Hecho el digno se largó debe ser con Leah y Lemuel. Se lo tuvieron que llevar con él porque no los he vuelto a ver en la fiesta.
—¿No te emociona más de la cuenta las heridas de alguien de la tercera edad? Hasta para una adolescente, eso es turbio — señalo.
—¡Es curiosidad profesional! ¡Seré doctora! — se defiende altiva.
—¿No que te habías arrepentido y le tenías miedo a la sangre?
—¡Soy una adulta! Eso era cuando era niña que le tenía miedo.
—Sí, cuando tenía 15 también me creía un adulto…
Antes de que Sara seguro me enumeré las razones para creerse adulta, Leandro nos interrumpe pidiendo hablar conmigo a solas. No me puedo escapar por segunda vez de él.
…..
Apartados en una esquina de la fiesta sin nadie a la suficiente distancia como para oírnos, el tipo de plática que odiaba tener con Leandro, se da. Otro regaño por mi conducta descarrilada.
—¿Teníamos que descubrir de quién era familia Marianne de esta forma? ¿En serio? — inicia él.
—No se puede controlar de quién uno se enamora. Eres un buen ejemplo de eso Leandro — me encojo de hombros.

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