—¿Leíste el itinerario que te envié a inicios de semana? — cuestiono para invitarlo a hablar.
—Por encima — dice desinteresado concentrado en su celular.
—¿Qué te pareció? ¿Te gustó? ¿Has visitado estos destinos antes?
Él da un gran suspiro y me mira molesto. Después se para de su asiento.
—Iré al baño — comunica para irse a este.
Verlo encerrarse de nuevo en un baño para evadirme, no me gusta. Mi mente continua en blanco necesitando respuestas que sólo él me podía dar. Dejo mi libro a un lado y voy directo al baño. Quiero golpear la puerta, alzo mi puño, pero me arrepiento y actuó de mejor manera. Tiro de la puerta y entro en el espacio. Luciano que está apenas desabrochándose la correa de su pantalón me mira sorprendido y luego impaciente.
—¿Qué estás haciendo?
Una locura, me digo a mí misma encerrándonos a los dos en este elegante, pero diminuto baño de avión.
—Averiguando qué tan mal fue nuestra noche de bodas para que me trates de esta manera Luciano — le espeto.
Él se muerde el labio inferior, como tomando paciencia de un lugar imaginario.
—Fue terrible. La peor noche de mi vida, esa que viví por tu culpa. ¿Contenta?
Estoy más que ofendida, estoy lastimada por esa observación que me hace. Podré no tener experiencia, aun así, qué tan malo pudo ser estar conmigo. Tengo por lo menos un buen cuerpo y supuestamente él me deseaba mucho. ¿Qué más necesita un hombre para disfrutar del sexo con una mujer?
—¿Se puede saber qué fue así de traumático para que estés como un amargado después de tanto rogarme sexo? — le peleo.

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