La confianza es la base de cualquier matrimonio, pero alguien podía culparme de pensar que Luciano me estaba escondiendo más. Lo cual era una locura porque de por sí que fuese el hijo de mi madrastra, y que nos hubiésemos casado, es un disparate del cual estoy al tanto.
De lo que no estoy es de lo que sigue escondiendo. Por eso, veme aquí con su celular desbloqueado a mi disposición por primera vez desde que nos conocemos. Mis pulgares se mueven al aire mientras sostengo el teléfono sin saber en dónde buscar.
—Los mensajes, vamos por los mensajes primero — me digo a mí misma buscando en su celular.
Entro en la sección de mensajes de texto, me desplazo por varias conversaciones sin que ningún nombre en particular llame mi atención. Entro en cuatro conversaciones con nombres de mujeres y tres con nombres de hombre, pero las conversaciones tratan sobre trabajo o sobre servicios triviales.
Intento en otra app de mensajería con el mismo resultado. Después me voy a la lista de llamadas recientes, ningún nombre me suena a nada raro y tampoco es que encuentre algún contacto con un nombre clave como “plomero” o “mecánico”.
Para seguir indagando, decido meterme en su galería de fotos. Es la misma historia, lo que más me llama la atención es la carpeta de fotos, hay varias de nuestro viaje, en especial de… mí. Me siento en la cama y bajo en esta sección, hay fotos de los dos, aunque específicamente más mías de nuestra travesía por Sri Lanka. Las hay conmigo con los elefantes, los templos o en los campos de té. Me nace acariciarle el cabello a mi caja de Pandora favorita, esta hace un ruido de placer somnoliento con mi toque.
—No encontraré nada sobre tus misterios aquí ¿verdad? — le pregunto a Luciano que sigue todavía rendido del sueño — ¿DM de I*******m quizás?
Estoy a poco de rendirme buscando en esta red social, pero el celular suena con una notificación de mensaje privado. Es uno de esos usuarios que no tienen foto de perfil, el usuario es “vozlyublenny”.
“¿Cómo la estás pasando en tu luna de miel? ¿Te has olvidado de mí?”
Muerdo el lado interno de mi mejilla ante tal desfachatez. Puedo despertar a Luciano para reclamarle, no lo hago, nuevamente apuesto por todo. Le respondo.
“¿Quién eres?”

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