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En eso es lo que debo pensar en una de las pruebas a mi temple, ello con mi cercanía a Julia en este apartado de bar. Ya hemos discutido sobre los términos de nuestro trato. Sobre cómo todo va de acuerdo a mi plan, Julia en sí no lo necesita saber.
Logramos finiquitar los tópicos necesarios, y esta vez sí es tiempo de marcharme. No debía tentar más mi capacidad de aguante.
—¿Tienes prisa por irte? ¿Por qué no te quedas para tomar algunos tragos? — invita Julia meciendo sus piernas. Sé que devora mi cuerpo con su mirada.
—Tengo que regresar — digo guardando el pendrive que me ha dado en mi chaqueta.
—¿Seguro de que quieres regresar? Sarahi está en la ciudad, podemos divertirnos los tres — menciona sugerente.
Si antes la tentación era grande, ahora es el cuádruple de grande. Un trío con dos fieras como Julia y Sarahi era una experiencia extrema. Ya había estado ahí, sabía lo que me esperaba. Siento que el ojo derecho me va a estallar de la presión. Esa sensación incrementa al Julia acercarse a mí con un andar sugerente.
—¿Por qué te resistes tanto? Te conozco mejor que nadie. Vamos a sellar el trato como solemos hacerlo… — ella intenta poner sus manos en mi pecho.
Si me toca, pierdo. Doy un gran paso hacia atrás y reafirmo mi posición.
—¡No me toques! ¡Te dije que estoy casado! — vocifero sonando como el demente que soy y saliendo del sitio ante el rostro atónito de Julia.
En lo que salgo, el pecho me duele, me siento sumamente agitado y mis pies van directo a las afueras de este bar. Casi corriendo.
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Sé que estoy a salvo al llegar a mi departamento, en este me desvisto y tengo unas ganas absurdas de pegarme a Marianne. En lo entro en la cama la abrazo en modo de cucharita, hundo mi rostro en su cuello, y no la suelto.
—¿Dónde estabas? — pregunta somnolienta.

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