—¿Sorprendente no? — se me sale esto con una pizca de amargura.
—Después de la manera en la que me comporté en tu boda, sí lo es… No he podido disculparme propiamente contigo. Pero es que, fue un gran shock para mí ver a América en esa fiesta. Conocer que Luciano lo sabía de antemano, el paradero de su madre, fue desconcertador como mínimo.
La amargura se va para ceder paso al impacto de escuchar a Liam hablando así, sobrio y compuesto. Muestra una apariencia mejor a pesar de tener el brazo inmovilizado, hasta me atrevería a decir que su voz suena mejor. Ocupo una de las sillas que encuentro cerca, y aprovecho para acercarme más a este.
—Bueno, mi padre tampoco actuó de la manera más pacífica. Fue un evento desafortunado para todos los involucrados… — le digo queriendo tal vez consolarlo.
Este señor me da compasión. Sé lo que le hizo a Luciano, igual me sigue dando compasión.
—¿Ha podido resolver la disputa con América? ¿Han podido hacer las paces?
Indago por un motivo. Ese es que, según Sergio, Liam era el amante de América. Liam frunce el ceño con lo que le he dicho. Niega.
—No he vuelto a tener contacto con América, y por el modo en el que se desató nuestro re encuentro. Es mejor de esa forma. Me dejé llevar por recuerdos del pasado, y me olvidé del presente, de lo que soy actualmente. ¿Fuiste tú la que le pidió a Luciano que viniese por lástima? — habla decaído.
—No, no fue mi idea. Fue de él. Pronto debe venir a verte. Es que primero fue con Leandro… — le contradigo.
Este no se lo cree.
—Sí, él vendrá…— reflexiona — ¿Qué tipo de madrastra fue América contigo?
La pregunta me descoloca. No conozco mucho de Liam, ni de la relación que tuvieron. Aun así, decido ser honesta.
—Cruel, egoísta y vengativa. No tengo un buen concepto de América — confieso. Él no se inquieta con mi observación.
—Su temperamento siempre fue fuerte y ambicioso. No por opción, sino por obligación, por supervivencia. Tuvo un pasado difícil antes de conocerme. Conociéndome también, no era fácil lidiar con mi alcoholismo. Al dejarme con Luciano, debía tomarlo como una advertencia, de que debía ser un mejor padre para mi hijo. Decidí que era mejor ahogarme en el alcohol y olvidarme de mis deberes. No sé por qué llegué a creer que con él al borde de la muerte y casándose contigo, sería mi oportunidad de que me perdonase.

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