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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 150

Es la segunda vez que vengo a la mansión Brown y la impresión continúa siendo igual de grande que la primera vez. Debido a que tenía experiencia, me comporto lo mejor que puedo al ser recibida por la tropa de empleados de esta propiedad, y al sentir sus miradas sobre mí, continúo por los peldaños de la entrada.

Luciano y yo entramos en la recepción de la casa para encontrarnos una interesante imagen. A Lucía sosteniendo una escalera mientras en la cima está Sara guindando una tela larga del candelabro. Hay otras decoraciones por el suelo que no han terminado de ser organizadas. Este ambiente está desordenado, lo cual me sorprende.

—¿Así? ¿Así se ve mejor tía? — pregunta Sara a Lucia haciendo maromas peligrosas en la punta de la escalera.

—No importa cómo se vea. Bájate, que no quiero otro accidentado en la casa — pide Lucía sin reparar en nosotros.

—Dime que se ve bien, y bajaré. Si no, me rehusó — exclama Sara.

—Esta niña… — se queja Lucía rechinando los dientes.

Escuchamos una tos falsa potente, es de parte de Gregorio, el mismo empleado elegante de la otra vez.

—Señora, tenemos invitados… — comunica este.

Con ello, tanto Lucia como Sara deparan en nuestra presencia. Ambas se impactan con ella.

—¿Luciano? — exclama Lucia tocándose el pecho.

—¿Marianne? — exclama Sara también tocándose el pecho desde lo alto de la escalera.

—¿Hola? — digo desconcertada ante su reacción.

—¿Qué tipo de bienvenida es esa? A las dos les hace falta una clase de cómo recibir invitados — se cruza de brazos Luciano.

De fondo veo cómo algunos empleados se llevan nuestras maletas para subirlas a la habitación. Me recuerdo que no tengo nada que temer, los Brown no son tan malos, peores he conocido y lo digo por una dolorosa experiencia.

—Lo siento. No sabía que vendrías. No avisaste, ni Leandro tampoco lo hizo — revela Lucia.

—No lo hizo porque no le confirmé que vendría. ¿Dónde está? — cuestiona Luciano.

—Arriba, en su despacho — responde extrañada.

—Iré con él. ¿Puedes ponerte al día con las malas anfitrionas? — me pide mi esposo.

Le sonrío, y él besa mi cabeza rápidamente para subir por el ascensor. Cabe acotar que el gesto del beso en la cabeza hace que Lucia, Sara y hasta Gregorio se me queden mirando como un bicho sacado del circo.

—¿Qué pasa?

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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