Los dos días pasaron conmigo encerrada en las paredes de la mansión Brown, tratando de acoplarme a una calma falsa y artificial. Hice caso a la orden más que sugerencia de Luciano, y heme aquí finalmente regresando a mi ciudad, al departamento de Giana. A mi amiga que en lo que me abre la puerta, me atrapa en un abrazo fuerte.
—¿Cómo estás Mari? Pudiste llegar a tiempo, pensé que tendríamos que ir solos al funeral — habla ella.
Nos separamos para tomarnos de las manos y compartir una visión mutua de cómo estamos vestidas. Las dos lo estamos de negro. Ella con un vestido con mangas largas, y yo con un traje de chaqueta. No somos las únicas vestidas de negro, al fondo está Derek que viene a saludarnos, y detrás de mí, está… Luciano.
Luciano no se me ha despegado ni un instante desde que nos bajamos del avión hace algunas horas. A pesar de mi desconcierto hacia él, no era como si pudiese pedirle que me dejase ir sola al funeral del señor Dominic. Él era también su compañero de trabajo, y mi esposo.
—¿Podremos llegar puntuales a la iglesia? — cuestiona Derek acomodando una de las mangas de su traje.
—Estamos a buena hora — Giana toma su cartera — ¿Llamamos un taxi o…
—Vengan con nosotros — pide Luciano con esa actitud fría y rara de los últimos días.
Derek, Giana y yo, le seguimos el paso al ascensor. Mis amigos no dicen nada, pero sé que se percatan de que hay un largo trecho entre el Luciano de nuestra boda y este. Eso se hace más evidente al momento de montarnos en la camioneta negra que hemos usado desde que llegamos a la ciudad.
No conocía esta camioneta de hecho, tampoco al hombre que nos está sirviendo de chofer. Ni me lo han presentado. Sólo sé que en lo que bajamos del avión nos montamos aquí con él, y que Luciano ha ocupado el asiento de copiloto como lo está haciendo ahora.
No soy la única tensa en el asiento trasero que comparto con Giana y Derek. Mi amiga se me asoma al oído para hablarme bajamente.
—¿Desde cuándo tienen chófer? ¿No conducían sus propios autos los dos?
—Lo mismo quiero saber — respondo impaciente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Un contrato inesperado con mi jefe