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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 164

—¿Segura? Porque a mí no me termina de convencer que, de tantos sitios para hacerlo, lo hiciera en la oficina de su trabajo — argumento.

—Oh vamos Marianne. ¿No has escuchado de abogados y doctores? ¿Dónde más se les consigue cuando deciden hacer lo que hacen? Sus oficinas, sus estudios caseros, yo sí he leído de varios casos. E igual no quiero hablar de eso. Me da una mala sensación — defiende Giana.

Mi amiga no es la única sintiéndose mal, Sergio tiene que ser ayudado para alejarse de la multitud, también pasa con otra señora mayor que se parece mucho a Dominic, supongo es su hermana o algún familiar.

—¿Nos podemos ir? — pide Giana conmovida.

—Déjame encontrar a Luciano. Espérame con Derek afuera.

Con ello, Giana se aleja de aquí. Yo reviso con la mirada el paradero de mi marido. No lo consigo en la concentración de personas, por eso me separo un poco más de ese sitio y le marco con mi celular. Paseo entre las lápidas y mausoleos de las proximidades para ver si lo consigo.

—Señora, ¿me ayuda a buscar esta tumba? — me interrumpe un hombre muy alto que no conozco.

Su aspecto rudo, y que me mire así de raro, me hace negar con mi cabeza, continuar con mi camino.

No quería distracciones, ni juntarme con extraños. Conseguiría a Luciano, y nos largaríamos de aquí. Lo puedo hacer a una distancia considerable, detrás de una capilla pequeña. Él está charlando con una mujer de cabello negro que está recostada sobre una de las lapidas. Anda fumando, me da la espalda, mientras que Luciano está allí con sus manos dentro del pantalón y un rostro calculador.

—Hemos cumplido con nuestra parte. ¿Cuál es tu reclamo ahora? — dice la mujer.

—Van más rápido de lo que calculé.

—¿Vamos más rápido o tú estás yendo muy lento? Estamos actuando de la única manera que podemos. Si es rápido o lento, recuerda que tú fuiste el detonante.

—Te lo dije aquella noche, te lo digo hoy, mis ritmos eran perfectos hasta que quisieron colaborar conmigo. ¿Mucha prisa para que tus jefes se lleven el crédito de mi trabajo? ¿O para qué me maten? No me extrañaría que las dos cosas fuesen certeras.

Tapo mi boca asombrada por lo que escucho, más me escondo detrás de la capilla.

—No lo puedes tener todo en este mundo. Te valiste de nuestros recursos, acepta nuestros tiempos — exige la mujer.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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