—Hablas como si no le hubiese dedicado años de trabajo a Belmonte Raíces.
—Si apreciases tanto la empresa como dices hacerlo, habrías hecho más para resguardarla. Lo que hiciste al contrario fue hundirla al romper enlaces con SMB. Ese contrato nos garantizaría más de lo que puedes imaginar, niña tonta.
—¿Más como qué? — indago.
—¿Tengo que explicártelo también? Te metiste en asuntos que no te involucraban, y ahora míranos, desprotegidos — acusa.
—¿Desprotegidos de quién? ¿De cuerpos de seguridad nacional? ¿De la ley? ¿No los que temen de auditorías son los que tienen procesos deficientes y sistemas arcaicos? ¿Por qué habríamos de tener miedo?
—¡De los Kosnikov! — grita fuera de sí América. Me ve como si fuera la mayor estúpida de la historia — ¿No me dirás que no sabes quiénes son ellos? Porque te visualizo diciéndome una barbaridad como esa.
Ella los había mencionado por su propia cuenta, y yo tenía el micrófono todavía conmigo.
—Tendré que decir la barbaridad de la que presumes, porque no sé quiénes son o qué relación tiene con esta empresa — miento.
—Son nuestros principales inversores, la razón por la que esa oficina mediocre con cinco empleados se volvió la gran empresa que es hoy en día. ¡Esos con los que nos dejaste mal al excluirlos de New Century! — continúa vociferando América — Lo que más coraje me da es que te harás la desentendida.
—¿Tendría que no hacerlo? Por ninguna parte he leído tal apellido que mencionas, en ningún documento, en ninguna junta o conversación.
Me quedo mirando a América, retando a que se le suelte más la lengua. En su lugar alza las manos en una clara señal de rendimiento.
—¡Maneja esto como puedas Sergio! ¡Estoy fuera! — exclama para salirse.
Necesito conseguir más información, todavía no es suficiente. Así que, me quedo aquí esperando a que Sergio hable. Él está en su trance, todavía no ha salido. Se le ocurre sentarse cerca de la pared que da con el exterior. Viendo hacia esta totalmente perdido. Acorto la distancia entre nosotros.
—¿Quiénes son los Kosnikov?
Él se frota la frente, seca el sudor de sus manos en su pantalón.
—Inversionistas.

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