—¿Dónde lo tienen? ¿Dónde tienen a papá? — cuestiona Amanda dando saltitos a su hija que no se calma.
—Está adentro. No me han dicho más aparte de que tuvo un ACV — le respondo.
—¿Se va a morir? ¿Nos va a dejar solas? — pregunta sin poder contener sus lágrimas.
Nace en mí un profundo sentimiento de compasión hacia Amanda. Se ve tan mal y desamparada.
—No estás sola Amanda. ¿Qué hay de tu mamá y… Andrew?
Sé que los dos son de lo peor, sin embargo, una es su madre, y el otro, espero que le tenga el mínimo afecto a su hija pequeña.
—Andrew está con sus abogados y no sé dónde está mi mamá. No contesta mis llamadas, ni mis mensajes. Tuve que quedarme sola mientras los policías buscaban en el despacho de papá, me dieron una orden de allanamiento — ella llora, la niña más llora.
—¿También fueron a su casa? ¿Segura que has intentado llamarla lo suficiente? — interviene Giana.
—Deja de llorar… ¿por qué no parás de llorar? — dice entre sollozos Amanda a la bebé.
Giana y yo nos miramos entre nosotras. Sé que ambas nos sentimos mal por ellas. Entonces, Giana se ofrece a cargar a la bebé y arrullarla. La logra calmar. Por milagro, yo también logro calmar a Amanda al poner mi mano en su espalda y acariciarla.
Finalmente, sale uno de los doctores a explicarnos cómo está Sergio. Está en tratamiento para el coagulo en el cerebro que tiene, y está descansando en estos momentos. Necesitará de una larga terapia de rehabilitación, puesto que al despertar quizás tenga problemas para moverse, pensar y hablar. Cuán graves serán esos problemas, se verán en el transcurso de los días o semanas.
Es una realidad devastadora. Amanda no puede ni mantenerse de pie, se va a llorar a una esquina lo más disimuladamente que puede.
—¿Crees que a Andrew logren meterlo preso? — pregunta Giana con mi sobrina en brazos, está dormida.

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