—Sé que nuestra relación no ha estado en su mejor momento la última semana, pero podrías dejar tu molestia a un lado y explicarme qué está ocurriendo — le pregunto.
Las puertas del ascensor se abren. Mi pareja sale de este sin hablarme, le miro obstinada por su actitud. Ambos entramos en el departamento, Luciano se dirige de una sola vez a nuestra habitación, esa en la que se pierde en el armario. Reúno la mayor cantidad de paciencia de la que soy capaz.
—¿Qué haces maniático? — pregunto.
Luciano entonces sale del armario con una maleta, y un montón de ropa en un brazo. La tira en la cama, la abre y comienza a llenarla con la ropa.
—América desapareció. Tuvo que ir con los Kosnikov — informa finalmente.
—¿No la estaban vigilando? ¿Cómo se les escapó?
—Entro en New Century, y nunca salió, dejó su auto allí. Sospechamos que la extrajeron en otro vehículo — explica.
—Esa bruja, vaya que es una gran bruja… ¿ese no es un vestido mío? — digo ceñuda dándome cuenta de que la ropa que está metiendo Luciano en la maleta… es mía.
—Mete lo que consideres indispensable. Apúrate. Tu vuelo saldrá en 30 minutos — anuncia.
—¿Disculpa? — digo alarmada.
—No quiero que hagas esto más complicado de lo que ya lo es. En 30 minutos, apresúrate — ordena.
—¿Te volviste loco? ¿A dónde me quieres mandar? ¡Este no era el plan!

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Un contrato inesperado con mi jefe