¿Cómo tu vida puede desmoronarse tantas veces seguidas? Es la pregunta que me repito sin parar en mi cabeza. Sabía que Amanda vendría a llevarse a su hija algún día, pero esperaba que ese día no coincidiese con mi posible rompimiento con Mateo, la aparición de Luciano y mi integridad en riesgo por los Kosnikov.
—¿Qué tal te parece? ¿Estás de acuerdo con que me la lleve? — cuestiona nerviosa Amanda.
Aclaro mi garganta, mantengo mi cabeza en alto. Debía actuar en el mejor interés de Amy. Ella era lo más importante en esta situación.
—Es tu hija Amanda. Aparte de los permisos temporales que me firmas, no tengo nada que me ate a ella. Eres su madre, debe estar contigo, pero… ¿has pensado en los sacrificios que tendrás que hacer para tenerla a tu lado?
Amanda asienta con fuerza, se prepara para darme una gran exposición.
—Lo he pensado en todo. Estoy buscando un apartamento cerca del jardín de niños de Amy. Dos habitaciones. Los de la agencia saben que soy madre soltera, no tienen problema con que acomode mis tiempos con ella.
—¿Qué hay de los fines de semana? ¿Quién la cuidará cuando no puedas verla por ti misma? Tendrá que pasar eventualmente en ocasiones atípicas.
—Estaré con Amy lo más que pueda, y cuando no… podría contratar una niñera.
Eso me extraña.
—Ella no necesita niñera, para eso están sus clases extracurriculares — le comento.
—Ganaré lo suficiente para vivir las dos, pero… no para pagar todas las actividades en las que la has metido… — habla sumamente avergonzada. Ni puede mirarme.
No sé por qué Dios me hizo así. Quizás estoy acostumbrada al dolor, a poner siempre la otra mejilla.
—No tienes que sacarla de sus actividades, puedo seguir pagando esas — comento decaída.
Amanda no está para nada decaída, está tan feliz. Me ve como si fuera la persona que más ama en el mundo, a excepción de Amy, por supuesto, la niña está regresando del baño. En lo que lo hace, mi hermana se la monta en las piernas.
—Pronto tendré un nuevo apartamento para los dos. Y podrás visitarme, y quedarte a dormir, y pasar más tiempo juntas. ¿No es genial? — propone ilusionada Amanda.
Amy le mira con inocencia, después a mí. Me esfuerzo por darle una sonrisa. Ella regresa a ver a su madre… a su verdadera madre.
—¿Mami puede ir también?

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