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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 191

Tal pensamiento me pone furiosa de repente. ¿Por qué diablos tenía que pensar en ese desaparecido?

—¿Estás molesta con las papas mami? — pregunta inocentemente Amy a mi lado.

Ella anda sentada en una butaca alta con su delantal de cocinar, hay rastros de cebolla y zanahoria por el mesón porque está experimentando con el pulso. La que no debería estarlo haciendo soy yo, me doy cuenta con su comentario que me he salpicado papa caliente en la camisa al aplastarlas con rabia. Me limpio, sonrió olvidándome de mi ex esposo.

—No lo estoy. ¿Por qué debería estarlo? ¿Terminaste con la ensalada? A ver.

Amy me la enseña orgullosa, entonces le pido que vaya a traerme los limones para hacer la limonada. Ella se va emocionada, no sé por qué, pero le gusta exprimir limones. Mi timbre suena.

Extrañada voy a la puerta, confirmo quién está a través de la mirilla… es Amanda. No la esperaba hoy. Le abro. En eso ella me da una gran sonrisa.

—¿Cómo estás Marianne? — me saluda.

Amanda ha cambiado mucho desde la caída de los Belmonte. Creo que ha aterrizado más los pies sobre la tierra desde entonces. Un punto a su favor, es que no me ha irrespetado desde que estoy a cargo de su hija. Nuestra relación es extraña. Yo diría que es como la de dos mujeres muy distintas criando a una misma niña. Considerando que es mi hermana, ex odiada hermana, es tan raro.

—Bien. Cansada de la fiesta de ayer — respondo con la usual distancia que suelo tener con ella.

—¿Duró hasta la mañana? ¿Amy se portó bien?

—Siempre se porta bien.

—¡Mamáaaaaaa! — viene corriendo Amy a abrazar a su madre.

Amanda entonces deja las bolsas que traía consigo, se arrodilla en el suelo y recibe con los brazos abiertos a su hija. Veo cómo la abraza como si se la fuesen a quitar, le peina el cabello, la aprieta amorosamente y llora mientras besa su cabeza.

—¿Bailaste mucho en la boda? ¿Hiciste nuevos amiguitos? Cuéntamelo todo — habla Amanda ilusionada viendo a su hija.

Amy empieza a contarle lo que hizo a su mamá, el horno suena indicando que el pollo está listo, y cenamos las tres en una agradable noche.

….

Fue de buena suerte que hayamos preparado suficiente comida para las tres, porque las tres comimos más de la cuenta. Tanto así que Amy se va corriendo graciosamente después de revelar a los cuatro vientos que tenías ganas de hacer pipí por beber tanta limonada. Amanda y yo reímos viéndola encerrarse en el baño.

Con las dos a solas, quedamos en silencio, ninguna le habla a la otra. Aunque noto que Amanda se me queda viendo las manos.

—¿Qué tanto miras mis manos? — cuestiono. Ella se asusta, como si no esperase que la captara.

—Nada. No veía tus manos — miente.

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