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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 196

Narrado por Luciano Brown

Por más que los años pasarán algo que no había cambiado en Marianne era su capacidad para sorprenderme. Tenerla a mi lado en el auto no estaba en lo programado, más bien pensé que me insultaría las próximas cinco veces que me viese, pero no. Estoy conduciendo al hotel donde me estoy quedando.

—Me gustaría llevarte a un mejor sitio, pero es lo más seguro que se me ocurre a esta hora y en estas circunstancias — le comento con “indiferencia”.

—Está bien. No importa. No quiero ir a mi departamento — menciona decaída.

Marianne de por sí es una mujer peculiar, sin embargo, su peculiaridad suele tener un motivo de ser. Ha estado divagado en silencio tanto, que ya estoy llegando al hotel. Ando trayéndola a un hotel, y ella no protesta o me hace algún comentario sarcástico. Tuvo que pelear con el rabo.

No profundizo en la herida, no pido explicaciones todavía. Simplemente me dirijo hacia mi lugar de estadía por estos días. Digo días porque he cambiado tres veces de hotel en lo que llegué a la ciudad. Pasamos por el lobby con pocos huéspedes, subimos al ascensor y entramos en mi habitación.

No es una muy grande, ni lujosa, tiene una cama, un gran sofá, el televisor, la puerta del baño, las del armario y en una de las esquinas un mini bar con un refrigerador pequeño. Aunque la estrella de esa esquina es su colección de botellas de alcohol en la repisa superior.

Marianne no repara en ninguno de estos detalles, en lo que entra, suelta su maletín al suelo y se tira boca abajo en el sofá. Es gracioso porque cae en cámara lenta, es preocupante porque luce como un pollito remojado en la lluvia. El agua ha empapado sus ropas, la posición hace que se le suba la falda y resalte su trasero respingón. A ella parece no importarle nada de eso.

Aclaro mi garganta para desviar la mirada de cosas que no debería estar viendo. Me dedico mejor a asegurar la puerta, y quitarme la chaqueta que tenía.

—¿Quieres comer o beber algo? Puedo pedir que suban lo que quieras — le ofrezco.

—Quiero un trago — dice con su cara aplastada en contra de uno de los cojines.

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