—Canibalización de empresas. Pasa todo el tiempo — comenta como si fuese evidente.
—¿No es mucha coincidencia que ellos también colaborasen con nosotros?
Antes del escándalo de Belmonte Raíces, los Nichols tenían información privilegiada sobre SMB que fue dada por nuestras agencias. Fue un intercambio de favores. Esa fue la razón de que para cerrar el trato de New Century Mateo solicitase remover la cláusula de asociación con SMB.
—Sobre los negocios de los superiores, ni tú, ni yo, tenemos asunto en ello…
—Pero si mi resentimiento fuese más que resentimiento, fuese la verdad, ¿no te interesaría exponer tales asociaciones? ¿No sería beneficioso para ti? Tienes grandes ambiciones Julia, y tú también estás cansada de recibir órdenes de corruptos sin un ápice moral.
Julia no me responde, escucho su respiración agitada, sé que la he convencido. Si algo sé de ella es que no suele complacerse con la injusticia.
—Ahondaré en los tratos que tuvieron. No será fácil. Necesitaré de tu ayuda. Así que, no hagas que te maten antes de tiempo maldito suicida — me advierte.
—Haré lo mejor que pueda. No te doy garantías — digo divertido.
Escucho un carraspeo de obstinación de su parte, y me cuelga. Con ello sonrío. Pero la sonrisa se me cae al ver a Marianne saliendo del edifico. Ella sale apresurada, su nariz está roja y sus ojos perdidos buscando algo que no encuentra en la acera.
A continuación, abre con desesperación su maletín mientras llora. Logra sacar su celular sin que las lágrimas paren. ¿Qué acaba de pasar? ¿Qué le hizo el malnacido ese? Apago mi cigarrillo y tomo una sombrilla rápidamente porque sé que lloverá por las pequeñas gotas que se estrellan en mi parabrisas.
Salgo del auto abriéndola, dirigiéndome a Marianne en lo que la lluvia aumenta, al igual que su llanto. Logro acercarme a ella y cubrirla.
Se siente como una eternidad el rato que tarda en alzar el rostro para verme. Cuando lo hace, escucho a mi corazón latir con un volumen absurdo dentro de mi cabeza. Es como si estos años no hubiesen transcurrido, como si fuese ayer que ella era mía y yo era el centro de su mundo.
Ahora que soy un mero espectador, el dolor de esa posición más me agobia. Pero me lo recuerdo, hice lo que debía hacer. Yo era malas noticias para cualquier mujer, incluyéndola a ella. Debo serlo, porque lo único que he hecho ha sido cubrirla para que no se moje, y Marianne me mira con un susto que me resulta doloroso.

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