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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 198

Narrado por Luciano Brown

Odiaba a Mateo con un ahínco y una repugnancia inauditas. Odiaba imaginar el tiempo que vivió con Marianne, odiaba pensar en los besos que compartieron, odiaba saber que ella lo dejó entrar en su cuerpo. Pero, sobre todo, odiaba el siquiera vislumbrar que él fuera su esposo o el padre de sus hijos.

Eso no podía pasar. Y si pasase, sería por encima de mi cuerpo frío. Marianne todavía no lo comprende, me mira como un bicho raro, después se ríe muchísimo. Tanto que su cabeza se va para atrás, sus risas deben llegar a cada rincón de esta habitación de hotel.

—Túuu no puedes decirme con quién estar o no. ¿O quieres que me meta a monja? ¿Así estará tu ego en un mejor estado? — se burla de mí.

—No, pero me gustaría que buscases a un hombre ajeno al complot empresarial en el que estuviste involucrada. Alguien más seguro, aburrido y capaz de darte estabilidad — resumo con el puño picándome por las características de la próxima pareja de Marianne.

Ella más se ríe, y yo más bebo de la botella. Cada trago es más largo que el otro.

—Esto está tan raro — se queja y abraza el cojín — Para mí Mateo es seguro y estable… o por lo menos, el único hombre seguro y estable que se fijó en mí.

No me compro esa. Puede que Marianne como mujer que es haya rechazado a muchos pretendientes, las mujeres como ella solían ser más selectivas. Sin embargo, que ella no tuviese más pretendientes era una estupidez. Marianne es hermosa, inteligente, trabajadora, encantadora y está respaldada económicamente. Esto no lo sabe ella, pero el día que muera, ella será mi mayor heredera. Quizás eso sea pronto. ¿Quién sabe?

—Imposible que eso fuese cierto. Tuvo que espantar a tus pretendientes. Estoy seguro.

—Qué hubiese dejado de ser una paría al casarnos, lo dice todo Luciano. Al irte lo continúe siendo, y peor, me convertí en la hija de un criminal. ¿Quién se iba a… acercar… acercar a mí? — su cabeza se mueve inconscientemente a un lado.

—A los hombres no les importan ese tipo de mierdas — termino de beberme lo último que queda de la botella — Escúchame Marianne, si no has terminado con él. Hazlo ya.

Ella se vuelve a reír, y no comprendo por qué se ríe, no comprendo tampoco porque me siento así. Disperso. No digo nada mientras ella se ríe yendo al mini bar, toma otra de las botellas y da un largo sorbo.

Esto no terminará bien. Voy a donde está, le quito la botella de las manos.

—Es suficiente, deja de beber — le exijo. Ella se molesta.

—¿Quién eres tú para decirme qué beber o no? ¿Quién eres tú para decirme que rompa con Mateo? ¿Para qué? ¿Para volver a estar sola? ¡No quiero estar sola! — me grita.

—No estarás sola. No será… así — le afirmo concentrándome en hablar completo. Quizás se me paso la mano con el ron — Conseguirás a alguien más…

—¡NO ME DIGAS QUE CONSEGUIRÉ A ALGUIEN MÁS! ¡TÚ NO ME LO DIGAS! ¡NO TIENES DERECHO A DECIRMELO! — ella me empuja.

Mi desorientación hace que afloje la mano, con ello la botella se me cae. Se rompe en el suelo. Miro los pedazos de vidrio, y el líquido esparciéndose por este. Lucen interesantes. Tan interesante que sé que estoy borracho. Al deparar en Marianne aparte de costarme enfocarla, sé que está llorando nuevamente. Aunque llorando esta vez con un gesto de rabia en el rostro.

Su rabia no se disipa al acercarse más a mí, ella me toma de la camisa y… me besa.

Se mete entre mis brazos, pega su cuerpo al mío y me besa con profundidad. No tardo ni un instante en responderle el beso. La sujeto a mí, me apodero de su silueta y la subo a mi cintura. Hago que envuelva sus piernas alrededor de mi cuerpo mientras la llevo a mi cama. En ella la acuesto sin parar de apoderarme de su boca.

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