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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 203

Un gesto de simpatía y agradecimiento. Eso sería todo lo que le daría a Luciano. Era todo lo que le podía dar a ese hombre que está tocando el timbre al otro lado de mi puerta. Chequeo que la mesa esté servida para él, y que me vea los más “despreocupada” posible con mi ropa de andar en la casa. Voy a abrirle la puerta.

—Veo que has aprendido cómo usar el timbre — saludo.

—Por esta noche, sí. Aunque no te devolveré la lleva que guardo por emergencia.

—Cambiaré la cerradura un día de estos. Pasa — ruedo mis ojos.

Luciano entra a mi departamento, él solo va a sentarse a la mesa con el plato vacío. Es el único que hay. No pierdo ni un segundo, le empiezo a llenar el plato de la comida que ha quedado, fue una cena sencilla, arroz, milanesas de pollo y ensalada. Mientras le pongo la comida, siento su mirada en mí. Está cómo analizándome.

Es martirizante que, en mi gesto de simpatía y agradecimiento, tenga que estar así de cerca de él. No me agrada la proximidad que tenemos. Su aroma me intoxica, su presencia me marea, no sólo mi pecho sube y baja con agitación, sino que mis pezones despiertan. Me alarmo al darme cuenta que no llevo brassier, se puede notar. Tengo que irme, ya.

—Disfruta la comida. Si quedas con hambre hay fruta allá. Cierra bien cuando salgas — digo precipitadamente.

Intento marcharme tras dar mis indicaciones, pero Luciano me toma del brazo para evitar que me vaya.

—¿No es grosero de tu parte invitarme a comer e irte a dormir?

—¿Desde cuándo nos importa lo que es grosero o no? Tú eres el ejemplo vivo de la grosería…

—Marianne… — él me regaña — ¿No he respetado lo que me has pedido? ¿Por qué tendrías que evadirme en la sala de tu departamento?

Ojalá pudiese imaginar en estos momentos más excusas, un millón de excusas más. Sin embargo, ninguna es suficiente o poderosa. Tendría que rendirme, rendirme a exponerme a Luciano en un espacio cerrado y con los sentimientos que nunca he dejado de tener hacia él golpeándome en la cabeza.

—Déjame ir al baño, y regreso. Come o se te enfriará la comida — pido, él me suelta, me deja ir.

Miento con eso de que iré al baño, lo que hago es ir a mi habitación a ponerme un sostén. Mientras busco uno, el primero que tomo es uno de encaje blanco, es mi mejor sostén, el más sexy que tengo y no sé por qué lo tomé. Lo tiro a un lado molesta conmigo misma, termino poniéndome el más deteriorado y mata pasiones que tengo.

Después salgo a sentarme con Luciano. Él come con tranquilidad, yo le observo incómoda. Este al pasar algunos bocados termina iniciando la conversación.

—¿Deseas hablarme de algo?

—No me gustaría tocar el tema… pero no me queda de otra. ¿Has notado algún movimiento extraño alrededor mío estos días?

—No — responde sin parar de comer.

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