Entrar Via

Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 31

Nunca subestimes la rapidez de una mujer sin techo propio. En cuestión de unas horas había rellenado las planillas y juntado la mayoría de los documentos para solicitar el crédito hipotecario. Sería por el precio promedio de un cómodo apartamento de dos habitaciones cerca del centro. Nada de lujos, sí una excelente inversión en los próximos años.

—¿Lograste ahorrarnos meses de trabajo y vendiste el proyecto? — pregunta Giana recostándose de una de las paredes de mi cubículo en la empresa.

—No. Pero prometieron volver a contactarme para negociar. Fue un buen primer encuentro — digo juntando los archivos para imprimirlos.

—Es una buena noticia, aunque no tan buena como para que te hayas tomado dos vasos más de café — mira escéptica los vasos vacíos en mi escritorio — ¿Quieres que te de una taticardia? ¿Es para dormir en el hospital por el seguro médico? Prometo que puedo ser una mejor compañera de piso.

Hago una expresión de que no es eso, y la invito a acercarse a mí. A chismear. Ella toma una de las sillas vacías al lado y se sienta para acercarse a mí.

—Luciano intercederá para que me den un crédito. Lo pediré para el bloque Nuovo — confieso muy bajito.

Ella me mira sin creerlo, no lo cree hasta que le muestro la solicitud. Ella lee más para confirmarlo. Después me mira dándose cuenta de algo. Ella toma mi rostro con sus dos manos.

—¿Acepto casarse contigo y te dará un préstamo para que no tengas que alquilar? Ese hombre está perdidamente enamorado de ti.

Tengo que reírme.

—¿Enamorado de mí? Primero me enamoro yo de él que él de… — me muerdo la lengua por lo que acabo de decir. Giana me ve insinuante. Me alejo de ella — Nunca me enamoraré de él. Es una forma de hablar. Digo, sabemos que los hombres no tienen corazón, y la mujer sí, tienen dos corazones, los de ellos y los de nosotras.

—Ajá. Sea amor o no. Sea calentura o no, no vayas a ceder todavía Marianne. Escúchame bien, no puedes acostarte con él de nuevo. No todavía — recomienda.

—¿Tan malo sería si… lo hiciera? — ofrezco como quien no quiero.

Se me han olvidado mis excusas, pienso en ese casi beso de más temprano. Giana me chasquea los dedos para que salga de mi trance.

—Debes haberlo enloquecido con tu rechazo. Tienes que guardar su interés sin ser como las otras mujeres — planea ella.

—¿Y tú no estabas en contra de mis planes? ¿Qué mosquito te pico?

—El del interés. Todavía no me has dicho algo realmente malo del jefe. Creo que tienen química, y te ayudará a superar al esperpento de tu ex.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Un contrato inesperado con mi jefe