Mi bella media hermana comienza a sobar su estómago muy plano, si me preguntan. Lo soba como si tuviese ocho meses de embarazo y esperando trillizos. Andrew está mortificado.
—¿Están esperando un hijo? — pregunta fingiendo asombro Luciano.
—¿No te lo comentó Marianne? — responde sin creérselo Amanda. Ah y soba más su estómago con la mano con el anillo.
Tiene el anillo en la mano izquierda, y es diestra. Con eso digo todo, gracias.
—No, ha estado más enfrascada en comentarme de su boda, y las formas en las que quiere facilitar ese día a ustedes los novios — resuelve Luciano.
Amanda está escéptica, Andrew está ofendido. Luciano pone su mano en mi pierna, la pone más arriba de lo que sería prudente, y la soba más allá de los límites del decoro que deberías tener frente a tu padre. Todo ello lo analiza Sergio, es como una máquina que está calculando las posibilidades de este circo.
—Su felicidad, es mi felicidad — coincido sonriente con él, y toco esa mano que tiene en mi pierna. Entrelazamos nuestros dedos — Tenemos que apresurar los preparativos, septiembre se nos vendrá encima si no nos ponemos las pilas.
—Estoy de acuerdo con tu hermana, Amanda. Le has dado muchas largas a la catedral donde se efectuará la ceremonia religiosa — observa mi padre para después beber de su copa — ¿Qué has estado haciendo estas semanas? No es momento de perder tiempo.

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