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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 52

El tiempo pareciera que corre con más prisa cuando tienes mucho por hacer. Precisamente en eso andaba al ser la madrina forzada de la boda de mi ex y mi hermana. El desafío actual más grande con el que me estoy golpeando a puños figurativos, es conseguirle una iglesia en la que casarse.

Como es de esperarse a Amanda nada le convence, ni, aunque ya falté menos de un mes para su boda, es capaz de llegar a una elección. No son calumnias de mi parte, estamos paseando por el pasillo de mi última opción, la catedral de la ciudad vecina.

América y Amanda andan caminando por delante de mí, yo escuchando los disparates que esas mujeres sueltan.

—¿No está como muy vieja, mamá? Quiero algo más moderno — se queja mi media hermana enlazada del brazo de mi madrastra.

—No le puedes pedir a una catedral que sea más moderna. Aunque sí tendremos que hacer mucho trabajo para ponerla a nuestra altura. ¿Qué tal es el coro de esta, Marianne? — voltea su cara América para hablarme.

—Está disponible para la fecha de la boda. Es muy respetado en la ciudad — respondo.

—¿No es muy pequeña también? Quería una más grande, la catedral de donde vivimos — se vuelve a quejar Amanda.

—Si te hubieses decidido con tiempo, la hubieses podido reservar — comento también.

Amanda ignora mi recordatorio, las dos lo hacen. Mejor continúan criticando la posición de las bancas, la claridad de los vitrales, las figuras religiosas de las cuales desconocen sus nombres, y otros detalles más.

Sé que dije que sabotearía la elección de iglesia de Amanda, pero es que no tuve que ensuciar mis manos. Ella solita se había encargado de sabotearse a ella misma con sus demoras, irresponsabilidad y obsesión de casarse en una catedral. Si terminaba escogiendo esta sería perfecto para molestar a sus invitados. Quedaba bastante lejos de la hacienda en donde sería la recepción.

—Pediré hablar directamente con el obispo para resolver las dudas que tengo — se le ocurre a América al ver a un monaguillo acomodando un arreglo floral.

Pienso que no la dejarán hablar con el obispo sin previo aviso, sin embargo, ni me molesto en aconsejárselo. Ella solita se va a hablarle al pobre muchacho ese y sé que después le peleara. Mi suerte no es una mejor, Amanda me secuestra el brazo derecho, lo abraza con “afecto”.

—¿Puedes creer que falté así de poco para mi boda? Vamos, caminemos otra vez por el pasillo. No quiero perderme de ningún detalle — ella me guía a andar hasta la puerta.

—Noviembre está llegando con la prisa de un correcaminos eh … — digo exhausta.

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