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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 55

A pesar de las mil exigencias de América y su actitud de diva, al final se pudo seleccionar la catedral que visitamos. Y como la fecha de la boda está montada en nuestras cabezas, apenas a dos días del acuerdo andamos en esto: el ensayo de la ceremonia religiosa.

Como la madrina, estoy sirviendo de coordinadora junto con el planificador de la boda. Mejor dicho, tratando de explicarles al cortejo compuesto por 10 damas de honor y 10 best men, junto con los pajecitos, que no se podía comenzar con el ensayo sin… los novios.

Ni Amanda, ni Andrew se han presentado a tiempo a su propio ensayo de bodas. Llevan como 20 minutos de retraso. Por ello, mi flamante madrastra está entreteniendo al sacerdote para que no se moleste por el retraso, y más atrás anda Sergio charlando con los padres de Andrew para salvar las apariencias. No puedo apuntar cuál de esos tres está más irritado.

—Llama a tu hermana de nuevo Marianne. Tengo cita con mi manicurista en dos horas. No me la puedo perder — se queja una de las damas.

—Tampoco puedo quedarme por mucho. Debo volver al trabajo. ¿A quién se le ocurrió hacer la boda y la fiesta en dos ciudades diferentes? — menciona otro de los invitados.

—La llamaré, otra vez. Esto se escapa de nuestras manos — les recuerdo a todos sobre la inocencia del planificador y yo.

Me aparto de este séquito sediento de sangre, y le marco a la señorita que no me contesta. Vuelvo a mirar a América que está riendo más alto de lo que usualmente lo hace. Esa es otra señal de que el sacerdote se estaba impacientando.

—¿Y así querías que la casará el obispo? — me quejo para mí misma.

—¡Era hora de que llegarán! — escucho al fondo celebrar.

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