—¿América si es quién dice ser? ¿Qué más ha estado escondiendo? — pregunto.
—Por lo que he podido averiguar, se creó una nueva identidad — explica paseando por mi sala, se toma el tiempo para analizar cada detalle y tantear cada superficie — Cambió de apellido, fingió nunca haberse casado o haberme tenido, sus títulos y preparación probablemente sean falsos. No sé cómo no se atrevió a cambiarse el nombre, quizás su narcisismo no se lo haya permitido.
—Una nueva vida se creó… pero… sigue sin cuadrarme ello. Tu padre debía tener más dinero que el mío. ¿Para qué dejarlo por Sergio?
A este nivel Luciano andaba analizando mi cocina, por el techo, por la encimeras, y yo le esto siguiendo el paso extrañada por su comportamiento.
—Porque no podía controlarlo con mi abuela de por medio — confiesa.
—¿Cómo?
—Mi abuela era una mujer que sabía lo que hacía y a quién tenía como hijo. A un borracho, despilfarrador. El dinero era de ella, lo manejaba ella. América no debió soportar no tener el control. Imagínate explicar cada gasto y capricho a tu suegra. ¿Quién soporta eso? Ella no.
—Si no tenía acceso al dinero de tu familia… ¿cómo vino con ese capital para que mi papá invirtiera en su empresa?
Esta vez Luciano anda abriendo la puerta del baño de invitados y espiando adentro. No lo detengo, quiero que me hable de lo que sabe.
—Leonor compró mi custodia total por ese dinero. Visto de esa forma, he vuelto a poseer lo que es mío. La empresa de tu padre — concluye este cerrando la puerta del baño y yendo directo a mi dormitorio — ¿Esta es tu habitación?
Ni puedo concentrarme en esa terrible verdad que me está confesando. Su madre lo vendió por dinero, lo dejó a la merced de su padre alcohólico y no sé qué más ha sido de su vida. Pero, no es que pueda consolarlo o indagar más, porque él está entrando en mi cuarto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Un contrato inesperado con mi jefe