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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 61

Mentiras y más mentiras. El apellido de América debía ser “Mentira”, y su profesión antes de casarse con mi padre, tenía que ser la de una estafadora innata. No había otra explicación.

La historia que mi madrastra siempre había sostenido es que era una heredera extranjera sin hijos y con mucho dinero por invertir. Se enamoró de mi padre a tal punto, que no le importó que ya estaba casado.

Después le dio una hija, Amanda. Su supuesta única hija. Lo recuerdo con claridad, los dramas de América al mencionar que había sacrificado su cuerpo por su “única hija”. Lo difícil que fue ser “madre primeriza”. Lo llegó a decir con tanta convicción que quién se lo iba a contradecir.

—No tiene sentido lo que dices — es lo que me sale por reflejo.

—Tampoco lo tendría que caigas en el juego de… nuestra hermana — dice él incómodo al extremo de negar con los ojos cerrados.

Esa realidad se me viene a la cabeza. Si Amanda y yo compartíamos padre, y Amanda y él compartían madre, era nuestra media hermana. De los dos. La cabeza me comienza a palpitar. Es peor cuando rememoro cómo nos conocimos. Siento una puñalada en el pecho.

—¿Por esto te acostaste conmigo? Por ser la hijastra de tu madre…

—Sabía que me saldrías con esa. Ya me lo veía venir — suena cansado.

—A cualquiera se le ocurriría…

—No Marianne, me acosté contigo porque me gustaste. Qué fueras la hija de Sergio me importó una m****a. Sólo quería volver a tener sexo contigo. ¿Qué tiene de malo eso? — se excusa.

Casi le creo. Y digo casi, porque aunque eso fuese cierto, detecto la gran razón para que él aceptase mi propuesta disparatada de matrimonio. Ya que como él ha dicho, no tenía mucho que ofrecerle además de sexo.

—Pero sí te casarás conmigo porque América es tu madre. Eso fue lo que te convenció. Eso es lo que tengo por darte y no sabía — le acuso.

En otra circunstancia, el puchero que está haciendo me daría risa. En esta, no. Para nada.

—¿Es un pecado hacer sufrir a la tipa que te dejó con un alcohólico como padre? Me parece justificable — es su defensa.

—En lo que a mí respecta, me ofende que no me lo hayas dicho. ¿Por qué no lo hiciste?

—Estaba tanteando las aguas contigo. No confío en la gente con facilidad…

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