El sonido del cuerpo de Amanda amortiguando en el agua, me saca del trance en el que estoy. Lo había hecho, esa m*****a demente en serio se había lanzado ella sola al agua.
—¡¿QUÉ LE HAS HECHO?! ¡ASESINA! — me grita Estela.
Mi rostro de consternación no puede ser más grande al darme cuenta de que no estoy sola. Como cinco de las damas de honor están a un lado mío procesando lo que acaba de pasar. Hay sorpresa, consternación y miedo.
—¡Manda a parar al capitán! ¡La novia se cayó al agua! — comienza a gritar Maritza a los miembros de la tripulación que están cerca.
Una chica sale corriendo a donde está el capitán, mientras que otros dos más lanzan salvavidas al agua negra. En lo que aterrizan al agua, los brazos de Amanda salen de esta, gimiendo y pidiendo por ayuda. Se estaba ahogando y no podía sostener ninguno por su propia cuenta. Entonces los dos chicos se lanzan al agua en su rescate.
A este nivel, el yate se ha parado y tanto todas las damas como el resto de la tripulación están al pendiente del accidente. Los chicos consiguen sostener a Amanda y ponerle uno de los salvavidas en medio de su tos por haber tragado agua.
—¡La tenemos! ¡Está respirando bien! — avisa uno de los tripulantes mientras le mantiene la cabeza fuera del agua.
Escucho llantos de alivio, y porras para que Amanda pueda regresar a la cubierta del yate. El resto de los trabajadores, se la ingenian para hacerla subir. Son rápidos en lo que hacen, se han sincronizado a la perfección, y en unos segundos están acostando en la cubierta a Amanda. La mayoría de las damas van corriendo a su lado, a ver como está.
A excepción de Estela. Ella se está dirigiendo a mí furiosa.
—¿¡CÓMO PUDISTE TIRAR AL AGUA A TU HERMANA EMBARAZADA!?
¿Podría decirse que estoy en shock? Porque es como me siento. Mi mente todavía está impactada con lo que acababa de pasar. Amanda se tiró al agua y grito mi nombre para echarme la culpa a mí. Es lo que recuerdo, es a lo que me aferro y es que de la forma en la que los demás me miraban, me consideraban como culpable.
Como la sucia enferma capaz de matar a su hermana embarazada de los celos y envidia. Estoy rodeada de ojos que me culpan. Hasta que Amanda decide hablar al mismo tiempo que le ponen una toalla en los hombros.
—Fue… fue un arrebato. Una pelea tonta de hermanas — interviene ella sonando débil.
—¡Te pudiste lastimar! ¡O perder a tu bebita! — exclama Maritza.

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