—Muy gracioso eh. Es obvio que este departamento no compagina con tu nivel de vida. Iré a vivir contigo, PERO seguiré visitando regularmente mi departamento, es mi inversión — acuerdo con él. Parece satisfecho — Otro punto del cual discutir, ¿por cuánto tiempo se supone que durará este matrimonio?
—De dos a tres años será suficiente.
—¿Dos a tres años, no es mucho tiempo?
—Créeme que no le daré el placer a mi familia de divorciarme antes del año. Deben estar haciendo apuestas de lo poco que duraré con mi novia. No los dejaré ganar. ¿O es que tienes otros planes para ese lapso de tiempo?
Medito el estar encerrada en un contrato de tanto tiempo. Saldré de allí más cerca de los 30, que de los 20. Pero con mucho por ganar si sabía jugar bien con mis recursos.
—Lo puedo comprender. ¿Quién diría que has pensado en más cosas productivas de nuestra relación, que en sexo? — lo digo para fastidiarlo.
Él no se deja convencer por mi jueguito.
—Cabe acotar que el sexo está en el top de mis prioridades. Tengo un gusto variado e intenso en el tema sexual, y deberás amoldarte a ello por el bienestar de nuestro matrimonio.
—¿Amoldarme?
—Es una forma decente de llamarlo — comenta devorándome con la mirada.
Tengo ganas de toser y ponerme a rodar por el suelo de la pena. Esa palabra “amoldarme”, me da todo tipo de ideas subidas de tono. Sí que tendría que amoldarme mejor a su cuerpo, y a esa parte de su anatomía que podría disfrutar después del matrimonio. Aclaro mi garganta lo mejor que puedo.
Un detalle importante de la negociación, se me ocurre. Uno natural al hablar de sexo.
—Mucho sexo, lo he captado. Pero has pensado que mientras más sexo tengamos, más se eleva la posibilidad de un embarazo no deseado. ¿Qué hacemos si llegase a quedar embarazada?
—Lo mismo que ha pasado con otras mujeres. Posibilidades casi inexistentes. Soy un usuario religioso de los preservativos. Aunque para más protección deberías usar también un método hormonal.
—¿Y si ambos fallan? — profundizo en esta temática por alguna razón que no puedo identificar bien.
—De ocurrir, preferiría que interrumpieras el embarazo — responde con simpleza y sin chistarlo.
Por otra razón que no puedo identificar, se me encoge el estómago.
—Ah, ya — es lo único que puedo responder.

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