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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 76

Lo que suponía sería una diligencia divertida, se ha convertido en una escena de pesadilla. Estoy siendo acorralada en contra de la pared de un baño por una desconocida que parece odiarme, y ni la conozco. La presión de sus largas uñas en mis mejillas y la forma en la que sé me está insultando en un idioma que tampoco conozco, me duele.

—¡Qué me sueltes! — exijo a la vieja esta empujándola por el pecho. Ella no desiste.

—¡Apenas estoy comenzando contigo! — grita furiosa — ¿Con qué lo tienes amenazado? ¿Estás embarazada? ¡Eres una niña!

—¡Mi relación no es problema tuyo! ¡Suéltame o llamaré a seguridad! — intento quitarme sus pezuñas de la cara, pero su agarre es poderoso.

La mujer da una risa macabra, como si le diese risa mi amenaza. Sus ojos azules y pelo rubio, me dan una sensación fría y cortante. Da miedo y quisiera estar en cualquier sitio menos este. Quisiera estar en el borde de un acantilado, mejor que aquí.

Un halo de esperanza se asoma por la puerta de entrada del baño. Dos hombres muy altos y vestidos en trajes uniformados se asoman. Una escapatoria, la seguridad había llegado.

—¡Ayuda! ¡Está agrediéndome de gratis! ¡Aléjenla de mí! — les grito a los hombres.

Pero estos ni se inmutan al escucharme. Están allí parados con sus manos juntas, imperturbables. Una mala sensación me posee todo el cuerpo. Los guardias del club que vi en la entrada, no tenían ese uniforme en particular.

—¿Por qué estás tardando tanto amiga..? — pregunta Giana que ha entrado en el baño ajena a toda esta situación.

Su reacción es de sorpresa absoluta al verme en la posición que me tiene la desconocida. No tarda mucho en reaccionar. Quiere venir hacia mí, sin embargo, los hombres de antes la sujetan. Aquí la cosa se pone más desastrosa de lo que es, la vieja aprovecha que me tiene sujeta por el rostro para empujarme a un lado y arrastrarme hacia uno de los cubículos por el pelo.

Literalmente, me sostiene del cabello y me quiere meter en uno. Me resisto con todas mis fuerzas esta vez y empiezo a forcejear con ella. Hasta que por fin me puedo soltar de su agarre. Ella no se da por vencida, quiere nuevamente tomarme del cabello para lastimarme, tampoco me quedo quieta, le doy pelea o lo más que puedo entre mil manotazos. La meta es mantenerla lejos de mí. Una muy complicada, tiene la fuerza de mil demonios.

—¡Déjenme pasar! — grita Giana siendo sostenida por los tipos y luchando por ser soltada — ¡Marianne dale! ¡Dale, no te dejes! ¡Ayuda! ¡Ayuda!

—¡Deténganse, se los suplico! — grita esta vez la chica que nos dio el recorrido por el club.

Su llegada ayuda a que suelten a Giana, y a que la señora esta deje de tratar meterme en un cubículo a saber Dios hacerme qué. Ella deja de tocarme, no de verme y amenazarme con su cercanía. Sé que tendré pesadillas con estos ojos gélidos más tarde.

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