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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 77

Sí, somos escoltadas con las trabajadoras y otros más de seguridad del sitio. En lo que nos cierran el portón detrás de nosotras, nuestros rostros de dignidad sucumben al miedo.

—¿Por qué te acaban de amenazar de muerte? — pregunta temblando Giana.

No es la única que está temblando.

—Lo peor es que… no lo sé… — respondo igual o más temblorosa que ella.

….

Los temblores pararon eventualmente en nuestro viaje en taxi de regreso. Fue un viaje silencioso y con muchas preguntas al aire, de la cual ninguna tendría respuesta por el origen de las mismas. Cuando el taxista deja a Giana en su departamento, le pido que en lugar de llevarme al mío me lleve al origen del problema.

Luciano Brown.

Por eso estoy en la puerta de su departamento, tocando el timbre y esperando a que me abra. La puerta se abre con rapidez, no con él, sino con una mujer que he de deducir trabaja en la limpieza, lleva uniforme.

—Señorita Marianne. Pase, espere un momento, el señor Luciano se está bañando — informa esta.

Entro en el departamento para comprobar que quien me abrió la puerta no es la única. Hay dos mujeres más limpiando el departamento. Una está aspirando por debajo de los muebles, otra está por la cocina tallando las hornillas.

—¿Desea algo de beber? — me ofrece — ¿Limonada? ¿Alguna gaseosa?

No iba a beber limonadas o gaseosas plácidamente mientras tenía una amenaza de muerte sobre mí por culpa de Luciano. ¿Y él muy lindo bañándose?

—No puedo esperar por Luciano. Hablaré con él — aseguro mientras me encamino a la habitación principal.

—No la he anunciado todavía… — dice ella siguiéndome.

Me detengo, y volteo a verla.

—Soy su prometida. No necesito anuncios — hablo con confianza.

La chica entiende lo que estoy diciendo, se disculpa y me deja a solas. Con ello, puedo entrar en la habitación. Es tal cual ella me ha comentado, el sonido del agua cayendo llega desde el baño. También tomo valor y entro en este.

El vapor llena este baño, y mi visión es llenada por una imagen que en otra circunstancia me dejaría sin aliento. Esta vez, soy inmune a ver a Luciano de espaldas desnudo dándose una ducha, con agua hirviendo por lo que siento en la temperatura en general.

Tengo ojos, así que, veo el agua deslizarse por sus anchos hombros y descender por sus cicatrices, hasta llegar a sus nalgas. Aclaro mi garganta de manera exagerada para comprobarme a mí misma, que soy inmune a su cuerpo, y para que note mi presencia.

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