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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 79

La vida después de una amenaza de muerte no puede volver a ser normal. Bajo esta misma paranoia no pude pegar el ojo en la noche, también fui capaz de poner una mesa detrás de mi puerta de entrada y mantener todas mis luces apagadas durante dicha noche.

Otro signo de mi paranoia es que pague un taxi para que me trajese a la oficina, y aquí estoy, en una de las cabinas individuales de videoconferencia. Ando charlando con un cliente antiguo de Belmonte Raíces sobre los impuestos de una de las propiedades que nos compró para su retiro.

—Disculpa por hacerte perder tiempo Marianne. Pero eres la única que me tiene paciencia — comenta el señor Aguilar que tiene edad como para ser mi abuelo.

—No se preocupe. Estamos para ayudarle. Le pasaré el número de Ariana, ella le guiará mejor en el papeleo directamente desde la agencia tributaria. ¿Tiene más dudas?

—Por ahora no, ¿si después las tengo puedo marcarte?

—Envíeme un mensaje, y lo resolvemos. Como siempre lo hacemos en Belmonte Raíces. Hasta luego, cuídese — cuelgo la llamada en la pantalla de la laptop.

Y con ello, mi sonrisa de atención al público se acaba. Vuelve a mí la pesadez de haberme salido de una pesadilla para meterme en otra. Ser el objeto del odio de una mafiosa rusa por el hombre con el que supuestamente, me casaré. Cierro la computadora y abro la puerta de la cabina, en lugar de ir a mi escritorio, me desvió a la estación de café para servirme uno.

Obtengo en unos segundos mi café bien negro y fuerte como para levantar a un muerto. Estoy echándole mucha azúcar para hacerlo consumible cuando a mi lado, un hombre llega para usar la misma máquina que había usado yo.

—¿Por qué no atiendes mis mensajes? ¿Te cuesta mucho hacerlo, Marianne?

¿Quién más puede ser? Mi flamante jefe, dizque prometido y el responsable de mi insomnio. Era verdad de lo que me acusaba, ni las dos llamadas que me hizo, ni los tres mensajes que me mandó, ninguno contesté.

—Comprenderá ingeniero, que ayer tuve una noche complicada. Es decir, no todas las noches tu integridad está comprometida por una ex pareja de tu actual prometido. No sé, si sea capaz de comprenderlo — argumento mientras agito con una cucharilla mi café.

—Anfisa y yo nunca fuimos una pareja — revela con seriedad y retirando su taza de la máquina.

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