Estoy acostumbrada a no ser moneda de oro para las familias de mis parejas. La familia de Andrew me soportaba por apariencias y negocio, pude concluir tras mi rompimiento con este. Y ahora, los Brown debían ser otra lección que me daría el destino. Ese destino al que no le caigo bien por todas las que me pasan.
—¿Podrían cambiar esos rostros de shock por unos más receptivos, Lucía, Clara? — cuestiona juguetón Luciano.
—No tienes que tomarte a mal nuestras reacciones, son de sorpresa… ante la prontitud de su matrimonio porque… este… ah… — responde la que compruebo es Lucía, la de voz dulce.
—Es un suceso descabellado desde donde se le mire, Luciano — responde la otra.
Recuerdo de dónde se me hace similar su voz, es la mujer que se burló de mí al decirle la relación que tenía con el hombre a mi lado. Clara, la esposa de Leonel, esa con la que hay algún tipo de problema.
—Eso dices tú, que no sabes nada de mi vida. Tampoco es que te deba interesar mucho que digamos — sigue en un tono de desafío Luciano.
A Clara no le sienta bien el desafío, le mira con molestia.
—Sí, no me interesa tu vida Luciano, por eso pasó lo de la otra vez — recrimina.
¿A qué se refiere con lo de la otra vez? Una gran duda me nace en la cabeza con esa tensión que hay entre ellos. Ante la mirada de fiera de Clara, Lucía le toma del hombro y le pide calma en voz baja, después se dirige a mí con una sonrisa algo más sincera.
—No te espantes por su relación. Suele ser tan conflictiva como la de cualquier par de hermanos. Los dos crecieron juntos, desde niños, en esta casa — explica Lucía.
—Hermanos, que el diablo me libre — se queja Luciano.
La respuesta de Clara es igual de contundente que la de Luciano, finge que se rasca la mejilla con su dedo medio. Lucía ve esto muerta de la vergüenza, y actúa como si no lo hubiese visto.
—Tal cual he mencionado. Un gusto conocerte, soy Lucia, la esposa de su primo Leandro — me estrecha la mano, la cual se la recibo con una sonrisa.

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