Los niños son sagrados, sin importar desde dónde se le mire. Es una verdad que es inalterable, y este estatus sube a otro nivel al tratarse de tus propios hijos. Por ello, el hecho de que Clara esté diciendo que Luciano fue capaz de poner en riesgo a la generación más joven de los Brown, va mucho más allá de mi comprensión.
—Disculpa pero… ¿qué acabas de decir? — debo confirmar que no tuve una alucinación auditiva.
—Lo que acabas de escuchar. Luciano es un peligro andante — afirma Clara.
—Tampoco perdamos la perspectiva por nuestras emociones, Clara — agrega Lucía.
—Tienes razón. Ya que consideras que tengo una opinión sesgada, explica tú la última gran gracia de Luciano, y cómo ella afectó a nuestra familia. Te lo dejo a ti. Adelante — ofrece Clara.
Lucía se ve incómoda por dicho ofrecimiento, sin embargo, se prepara para ahondar en el tema.
—Luciano es tremendamente apreciado en la familia, pero tú habrás de conocer su inclinación por la aventura y… el peligro. ¿No es así? — argumenta Lucía.
Ella está argumentando con mucha, mucha delicadeza, como si tuviese miedo de romperme con lo que me dirá a continuación. Mientras más dura en hablarme, más me asusto.
—Me comentó que le gustan los deportes extremos, y es inquieto, no se puede quedar en una sola parte. ¿Algo más que deba conocer? — digo a la expectativa.
—Su adicción por las mujeres. Por todo tipo de mujeres. Viejas, jóvenes. Permitidas, prohibidas. Ángeles y demonios — agrega Clara.
Dentro de mis sentimientos por Luciano, tengo que recordarme que esto es un negocio. Que yo debía convencer a esta familia que me había enamorado de él de la manera más cliché y predecible del mundo.
—Sé de su pasado si es lo que me quieren advertir. Eso ha quedado donde pertenece, en el pasado. Ha cambiado… por mí — aseguro.

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