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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 88

—Tengo 24 años en realidad… — corrijo avergonzada.

—Vaya, eso lo hace mejor. 24 y 34, seguro no hay desbalances de poder en su relación. Ninguna — acota Clara — ¿Eres capaz de entender mi punto de vista? Luciano las ha pasado por todas. La otra vez se metió en una iglesia de famosos que era un culto; la otra vez se hizo adicto a un deporte poco entendido por la sociedad, eran peleas callejeras, y la otra y la otra. ¿Estás lista para casarte con un hombre así?

Lo entendía muy bien ahora. La irresponsabilidad y lo salvaje que había sido la vida de Luciano. Era una gran apuesta estar a su lado, pero tampoco podía ignorar lo que implicaba estar con él. Luciano no sólo me enloquecía físicamente, sino que económicamente me había ayudado mucho. Y esto era un negocio, era sobre dinero, sobre apariencia y sobre venganza.

Estaba cansada de que me pisotearan, y si estar con él me daría poder. Lo aceptaría. Al precio que fuese.

—Sólo te escucho hablando del pasado Clara. No te oigo hablar del presente. ¿Qué de malo tienen que decirme de él del presente? — cuestiono con confianza.

Mi reacción sorprende a Lucía y en especial a Clara.

—No… no he escuchado nada malo de él últimamente. Leandro me comenta que se ha comportado como se lo prometió — aporta Lucía.

Lucía mira insistentemente a Clara que no quiere hablar, se muerde la lengua sin querer admitirlo.

—Tampoco he escuchado mucho de eso…

—Bien. Agradezco que me hayan contado de todo esto, pero... es una conversación que no me gustaría volver a tener con ustedes. Luciano y yo nos casaremos, nos amamos, y nos complementamos mutuamente. Es todo lo que necesitan saber de nosotros. Si me disculpan… — afirmo para después irme del sitio dejándolas todavía desconcertadas.

Desconcertada también estoy yo. Tenía muchas nuevas condiciones que imponerle a Luciano para lanzarme en estas profundidades.

….

Estoy aplicándome el labial frente al espejo del baño de esta habitación. Ando arreglándome para la fulana cena con los Brown, mi cabeza está desconectada de todo. O eso hasta que siento un par de manos en mi cintura y labios mojados en mi hombro desnudo. Puedo ver por el reflejo que es Luciano, que está besando mi cuerpo. Ha regresado.

—Te ves hermosa, aunque me gustarías más sin tanta tela sobre tu cuerpo — coquetea él.

—A mí me gustarías más tú sin tantas mentiras sobre tu cuerpo — le devuelvo.

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